HABLADURÍAS

Fernando Taboada

Una de monstruos

LA voluntad del padre de Eluana se ha cumplido. Tras diecisiete años esperando sin éxito que despertara del coma, quiso el hombre que a su hija no se la mantuviera ni un minuto más artificialmente y que la dejaran morir en paz. Aunque no parece que haya sido así. Envuelta en la polémica sobre la eutanasia, el lunes se despedía la chica de este mundo y el martes mismo ya estaba más de uno acusando al padre de asesinato.

No seré yo quien niegue que estamos rodeados de indeseables. Les remito a las páginas de sucesos. Pero los que no tenemos el gusto de conocer en persona al padre de Eluana no podemos poner la mano en el fuego acerca de sus verdaderas intenciones. A lo peor es un degenerado que llevaba tiempo babeando de gusto ante la perspectiva de ver a su hija ya cadáver. Quizás estemos ante un ser sin sentimientos que, si le hubieran dado a elegir, habría preferido que su equipo ganara la liga antes que ver a la pobre Eluana reponerse. Pero desde aquí, a simple vista, no parece que su caso sea el de alguien sin corazón equiparable al de quien descuartiza a su abuela y la da de comer a las pirañas.

Puestos a hablar de degenerados, ¿no lo son también quienes creen que todo aquel que se ve en el trago de acortar la agonía de un ser querido lo hace para quitarse de líos y disfrutar pronto de la herencia? No sé, pero creo que pensar así sería tan aberrante como pensar que quienes prefieren lo contrario (es decir, mantener con vida a los suyos en semejantes circunstancias) lo hacen para seguir cobrando la pensión.

He oído argumentos estrambóticos al respecto, como los de quienes hablaban de usurpación de la voluntad al tomar el padre por ella la decisión de desconectarla de las máquinas que la mantenían viva. Y digo yo -si es que se puede usurpar la voluntad de alguien que únicamente se rige por actos involuntarios- ¿es que quien pretendía decidir por ella manteniéndola viva a toda costa no iba a usurpar ninguna voluntad? Está visto que la capacidad de razonar no está al alcance de todos.

Cuando lo que está en juego es la vida, quizás haya que plantear, por otro lado, qué se entiende precisamente por vida. O mejor, por vida humana. Desde luego, las algas son seres vivos. Y los champiñones antes de llegar al plato. Además, es curioso, pero las personas menos partidarias de aferrarse a este mundo cuando se tiene la misma actividad cerebral que una lechuga suelen ser aquellas mismas que ni siquiera creen en otra vida más eterna y más feliz.

Pero no, no me hagan mucho caso. No creo que sea yo el más indicado para hablar hoy de estos temas. Teniendo como tengo a un padre en estado crítico, supongo que he perdido el sentido común, que no sé lo que digo y que estoy expuesto a caer en la tentación de pensar como los monstruos. Perdonen las molestias y decidan ustedes por mí, que yo, por lo visto, no soy quién para hacerlo.

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