Las dos orillas

José Joaquín León

Antes mujer que política

Aveces da la impresión de que los políticos están por encima del bien y del mal. Sin embargo, no son superhombres, ni supermujeres, sino seres humanos con todas sus consecuencias. La presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, comunicó ayer que se retira de la política "durante unos días" para ser intervenida de un cáncer de mama. Lo dijo emocionada y sin tapujos. Esperanza Aguirre se presentará a las elecciones autonómicas de Madrid dentro de tres meses, y esto le añade un dato humano y político más a su retirada temporal.

No hay que minimizar la trascendencia personal y política de la enfermedad de Esperanza Aguirre, pero tampoco hay que exagerarla. Es archisabido que un cáncer de mama, "con buen pronóstico", tiene actualmente un elevado porcentaje de curación. La palabra cáncer aún evoca un componente fuerte de tragedia, heredada de los tiempos en los que era casi equivalente a la muerte en poco tiempo. Hasta se ocultaba la realidad a quienes lo padecían. Pero ese componente trágico se ha reducido bastante, porque también hay muchas curaciones, siempre en función de cada caso, de la tipología del cáncer, la detección precoz, etcétera. En resumen, que hay que darle al caso la evidente importancia que tiene, pero no más. A Esperanza Aguirre no la han condenado a muerte, sino que la van a operar de un cáncer de mama que no está avanzado.

¿Qué repercusión tendrá? Es algo que no se puede determinar. Lo normal es que Esperanza Aguirre se presente a las próximas elecciones autonómicas de Madrid, que ganaría al candidato socialista, Tomás Gómez, según las encuestas. Especular con que Esperanza Aguirre no se presentara es absurdo. Es cierto que, sí así ocurriera, perjudicaría al PP, que tiene en ella a una candidata sólida, bien conocida y con experiencia. Los populares se apresuraron a confirmarla ayer como candidata. Otra hipótesis no entra ahora en juego, porque el escenario previsible es que Esperanza Aguirre esté recuperada a tiempo y siga su carrera política.

No sería el primer ni el único caso de un político español operado de cáncer que sigue en activo. Hay varios ejemplos. Pero sí es cierto que llama la atención, por lo que supone de encrucijada personal. La política tiene una faceta de relación con el público votante (lo que antes se llamaba pueblo) que origina un desgaste. Cuando una persona ve su vida en riesgo tiende a replantearse su existencia, quizás aún más en estos casos. Ahora, a la fuerza, "por unos días", Esperanza Aguirre está obligada a ser una mujer normal antes que una política en activo como presidenta de Madrid. Cuando esté recuperada podría dudar, pero elegirá la política.

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