Tribuna económica

Rogelio / Velasco

Los muros se desmoronan

RESULTA alarmante el ritmo al que se está deteriorando el mercado de trabajo. Tanto la EPA del último trimestre como las cifras de paro registrado del mes pasado nos retrotraen a muchos años atrás para encontrar datos similares.

Mujeres mayores de 25 años trabajando en el sector industrial o en los servicios y residentes en Andalucía, Cataluña o Valencia representan el perfil paradigmático de todos aquellos que están engrosando las cifras del desempleo.

Una de las características distintivas del mercado de trabajo español respecto al de la UE es la elevada elasticidad de respuesta del empleo a las variaciones del PIB, de manera que por cada punto de crecimiento de éste, el empleo crece más en nuestro país que en el resto de la zona. Pero cuando la tasa es negativa, la destrucción de empleo es también mayor.

Esa relación entre variaciones del PIB y del empleo es especialmente intensa en Andalucía, en donde el mayor peso relativo de sectores que hacen un uso intensivo del factor trabajo genera una mayor volatilidad del empleo respecto de la medida española o europea. El peso desproporcionado del sector de la construcción en las economías española y andaluza está pasando ahora factura.

Algunos responsables políticos y analistas están apuntando al cortocircuito producido en el mercado crediticio para explicar la evolución tan negativa. Por supuesto que la reducción de la oferta de crédito está acelerando el cierre de muchos negocios. Pero no es el sector financiero el responsable último. Las entidades están, básicamente, reaccionando a la situación que presenta el sector real de la economía, con caídas acusadas de la demanda de productos y acumulación de inventarios. En esas condiciones, es difícil que los bancos concedan créditos.

No creamos que ejercer presiones adicionales sobre las entidades vaya a resolver los problemas de fondo. De hecho, sucedería más bien lo contrario. A corto plazo, algunas empresas sobrevivirían algunos meses más. Pero se corre el serio riesgo -como ocurrió en Japón durante la década pasada- de provocar una mala asignación de recursos a escala masiva en empresas que no podrán sobrevivir en ningún caso. Los denominados activos tóxicos de las entidades se incrementarían, provocando mayores pérdidas y un retraso en la salida de la crisis.

No tenemos varitas mágicas. El tan cacareado cambio de modelo no es sólo una cuestión de decisión política, ni tampoco de mayores recursos públicos. El gasto por alumno de Secundaria en España es mucho mayor que en Hungría o Estonia. Sin embargo, el primero obtiene mejores resultados en Matemáticas y el segundo, en Lengua. Tampoco en el gasto por profesor. Lo crean o no, los profesores de Secundaria españoles son los terceros mejor pagados del mundo (después de alemanes y suizos). Para cambiar de modelo y que no vuelva a producirse la actual sangría en el futuro, necesitamos más cambios de hábitos y actitudes mentales que de dinero público.

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