Relato María Von Campo

Ángeles Bueno

Las nubes del abuelo Paco

DICE mamá que los abuelos habían dado muchas vueltas desde el primer saquito de harina que amasaron, y que ahora estaban juntos en el cielo. Y ahora mamá viste de negro. A mí no me gusta verla salir siempre de negro. Me gusta verla con sus vestidos de colores, sus tacones, y sus labios pintados. Y le pregunto que cuándo se va a poner el vestido de lunares rosas con su cinturón blanco, pero ella lo deja para más adelante.

Yo miraba el cielo pero no conseguía imaginar el sitio donde estaban los abuelos.

-¿Qué miras?- me preguntó María von Campo al verme tan concentrada.

-Busco a los abuelos, para ver qué hacen en el cielo.

-El abuelo ahora amasa nubes- dijo María, dejando el baño de la ropa y mirando para arriba.

-¿Te acuerdas de las trenzas de pan que te hacía el abuelo?

Claro que me acordaba. De noche, la luz de la panadería siempre estaba encendida, y era una luz amarilla y calentita. Me gustaba el olor de pan recién hecho. Me gustaba entrar y ver las máquinas funcionando, y cómo brillaba la amasadora de plata paseando sin parar la masa de harina con su enorme pala.

Por la mañana, el abuelo nos traía trenzas de pan doradas en el horno durante la noche.

-Ahora el abuelo puede hacer más cosas con las nubes. Mira esa nube que viene por ahí, ¿qué es?

-¡Es un caballo!

-¿Y aquella?

-¡Es un renacuajo!

-Sigue mirando las nubes y verás las cosas que te hace el abuelo.

Y María, recogiendo el baño, se fue a tender la ropa.

(Para Carmen, que ahora amasa nubes con el abuelo).

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