Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

El pisito de Serrano

En los ataques a Serrano por lo del piso, se ignora no ya que sea un asunto menor, sino el cargo que ostenta

En El pisito, Rodolfo se casa con una anciana que hospeda a su novia, Petrita, para así heredar el alquiler barato del piso donde vive la señora. Son los años 50 del siglo pasado. Aquella España donde la mayoría de la gente estaba delgada -no precisamente por el running o la dieta alcalina- era tan en blanco y negro y falto de color como la magistral película. Los problemas para encontrar una vivienda asequible no se han paliado en el foro, aunque el subdesarrollo del país, sí. El color de las corbatas de marca y el cristal tintado de los audis, empero, sólo maquillan lo cutre, que sólo ha mutado en este país tendente al histrionismo, mayormente en su modo cainita.

De tal manera que todo un máximo responsable de la Dirección General de Tráfico, organismo autónomo de primera relevancia dentro del organigrama del Ministerio del Interior, se ve no atacado y ridiculizado por estar buscando un piso -él reside en Sevilla- y haber cometido la fechoría no ya de evadir impuestos, cobrar comisiones ilegales o colocar a una querida, sino de intentar acceder a un piso arregladito en un pabellón de la Guardia Civil. Los detalles los conocen ustedes ya. Puede que Gregorio Serrano, mano derecha del ahora ministro Zoido desde sus tiempos municipales, persona de contrastada valía gestora a quien no se le conoce golfada, haya ascendido -recuerden el Principio de Peter- hasta su nivel de incompetencia al cambiar radicalmente de ecosistema. Asimismo parece que ha estado a esto de dar un regate al procedimiento (quizá, digo yo, se tenía que centrar más en otras cosas, en ese puesto que ostenta). No ha estado acertado en su forma al justificarse, algo atribulado y como gato panza arriba. Y sin duda su estilo, de indisimulada sevillanía, es carnaza para la guasa inclemente de algunos plumillas capitolinos.

Aun con todo ello, la campaña -eso me ha parecido ser- de La Sexta ha ido más allá de la denuncia de una irregularidad. Se ha cebado en detalles menores, haciendo caso omiso del cargo -sí, el cargo- y demagogia de famélicos negritos del algodón metidos a números de la Benemérita, que poco menos que viven en condiciones miserables… y ahora viene este señor sureño y hermosote a quitarle su pan en forma de paredes de pladur. "Con nuestro dinero", con ese protestantismo contribuyente de plástico, tan de moda en España; "Sin ser funcionario"; "En hoteles de cuatro estrellas", quizá debería haberse alojado mientras en el Hostal Domínguez, de Fuencarral, a 29 euritos la noche. Lo dicho: cutre. Y demagógico.

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