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Francisco Bejarano

La política de los meteoros

HA sido una idea magnífica meter en la política, en las promesas electorales y en la lucha por el poder, los meteoros. Los políticos de antes, y hasta hace poco, andaban metidos en asuntos prosaicos que todos los votantes conocían: becas, carreteras bien asfaltadas y trazadas, calles con buenas luces para prevenir tropezones y desvíos, servicios de emergencia por si había un accidente, un incendio, una inundación y contingencias por el estilo: cuestiones corrientes, en fin, que cada gobernante solucionaba lo mejor que sabía y podía. Como estos servicios públicos están más o menos resueltos o en vías de resolverse, la idea de gobernar para el cambio climático, sin que sepamos con certeza hacia dónde va el clima, es lo mejor que se podía hacer en la política del tuntún, de la ambigüedad y del capricho, para que no podamos decirles a los gobiernos que se han equivocado y han hecho las cosas mal.

Porque, como es bien sabido desde que se hacen estudios paleoclimáticos, el clima cambia, pero no sabemos bien hacia qué otras características ni a qué velocidad dentro de la necesaria lentitud, así que se pueden prometer acciones político-espirituales futuristas y que los vivos actuales, y muchas generaciones más, no vean si las medidas contra los meteoros fueron o no eficaces. Igual que los dogmas: cuando veamos con los ojos del alma que María Santísima fue asumpta al cielo en carne mortal, probablemente no se lo podamos contar a nadie. De momento, la fe suple las certezas ultraterrenas. Del mismo modo el maligno CO2 se ha colado en los discursos políticos, como antes el otro Maligno era una advertencia constante en la oratoria sagrada. Al Maligno se le vencía con la virtud; al maligno de ahora se le vencerá renunciando al petróleo y suprimiendo las grandes industrias y transportes. En Borgoña, en el siglo XV, se vivía bien.

Los periódicos, que ven en la ignorancia sobre el clima un filón popular de futuros votos, traen titulares con pretensiones de alarma: "El clima de España se africaniza". África está al lado y es muy grande. ¿De qué parte de África? ¿No estaba ya africanizado el Mediterráneo? "España tendrá veranos extremos". ¡Dios lo haga! Tan extremos que deberían llegar hasta febrero. Decía Pla que escribir con las manos frías, una bufanda puesta y una gota en la nariz era trabajo e incomodidad añadidos a la escritura. "Los países pobres sufrirán los desastres causados por la polución de los ricos". Ahí le duele a la derecha y le da sentido todavía la izquierda. Estados Unidos poluciona a América del Sur, Europa a África, China a toda Asia y la India se contamina a sí misma. Si votamos a la izquierda, las poluciones se irán para otra galaxia y tendremos un clima estable hasta la consumación de siglos.

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