Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Una simple juez

Montesquieu: "Todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; sigue hasta que encuentra límites. Para que no se pueda abusar del poder hace falta que el poder detenga al poder". En clave roquera lo decía la canción de Molotov: "Si le das más poder al poder, más duro te van a venir a joder". La separación de poderes: órganos institucionales independientes para el ejercicio de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Es un principio básico de la democracia, pero se ignora con frecuencia. No sólo lo ignora el político que ostenta el poder ejecutivo que pretende influir en el poder judicial. También lo ignoramos con frecuencia los ciudadanos. Ha sucedido con la decisión de una jueza de un Estado federal alemán -digamos que una jurisdicción menor- de poner en libertad a Carles Puigdemont, el golpista errante, desestimando parte del objeto de la euroorden cursada por el Supremo, el delito de rebelión. Ya han visto: arriba está escrito "golpista". Eso ha sido el procès, un golpe al poder desde el poder y con abuso de interpretación de los votos de un referéndum hecho por la bravas y a la torera -o sea, con engaño-, a un Estado democrático consolidado y con altas dosis comparativas de libertades públicas. Que permite, a diferencia de Alemania, que quienes quieren dinamitar al Estado se presenten a elecciones.

Siendo cierto el abuso de un poder de un territorio español, también lo es que ciertas manifestaciones sobre el auto de la juez de Neumünster son peregrinas: que, alehop, proviene de sentimiento de culpa por el pasado nazi alemán; que se ha debido al complejo de superioridad teutón hacia un país, España, considerado por ellos como inferior y atrasado; que se van a enterar sus turistas este verano en Jandía o Cala D'Or, ya en un ejercicio delirante populachismo en vena. La verdad es que la decisión es de la juez, cuyo poder en este asunto está al margen de la kanzlerin Angela Merkel. Una decisión de quien la puede tomar en un país que pasa por contar con uno de los poderes judiciales más independientes del mundo. La separación de poderes: o te la crees, o no te la crees. Conviene también recordar que no pocos juristas españoles nada sospechosos de indepes habían advertido que no se daban las condiciones para imputarle a Puigdemont el delito de rebelión. Ver manejos alemanes -así en general- en esta decisión es infundado. O cuando menos, ocioso. Eso sí, es muy apañado para pergeñar conspiraciones paranoicas, con la buena venta que tienen.

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