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Fco. Antonio García Romero / Coordinador/Centro De Estudios Históricos Jerezanos www.cehj.org

El yacimiento de GibalbínNuestro amigo Andrés

La ciudad de la historia

EN presente artículo vamos a centrarnos en otro importante yacimiento que se encuentra en los límites del término municipal de Jerez y que no es suficientemente conocido. Por fortuna, recientemente, amigos de la arqueología han querido rescatar en su página web este importante enclave histórico. A los estudiosos de dicha página sobre historia y arqueología, "Celtiberia.net" (ya citada otras veces en nuestra página y de donde tomamos nuevamente la imagen), les damos las gracias y nuestra enhorabuena. No pocas de sus conclusiones están recogidas en el presente trabajo.

La Sierra de Gibalbín es la formación orogénica que se encuentra en el punto más occidental del Sistema Subbético, y se eleva entre las estribaciones de la Serranía de Ronda-Grazalema y el río Guadalquivir. Su punto más alto está en los 410 metros sobre el nivel del mar.

La sierra en sí es un afloramiento de materiales geológicos triásicos, por ello, en algunos puntos, encontramos cuevas con formaciones estalactíticas. Es una atalaya que está totalmente rodeada de llanuras, correspondientes a los valles del Guadalquivir y del Guadalete, desde la que divisar una enorme extensión en todo un amplísimo perímetro: al oeste las llanuras del gran río bético; al este, la Sierra del Pinar, y al sureste, la Sierra del Aljibe.

Es evidente que su posición es estratégica, y es la razón por la que este lugar fue habitado desde tiempos prehistóricos. A ello hemos de sumar la distinta configuración del terreno desde la Prehistoria al Medievo, pues sus alrededores eran terrenos de marismas y sobre ellas no se podrían establecer asentamientos humanos, únicamente en sus límites. Las primeras poblaciones de la época paleolítica debieron ocupar los abrigos y cuevas que aquí existen debido a la composición calcárea de los suelos.

Una personalidad de la categoría del profesor Manuel Bendala Galán asevera que un estudio profundo de Gibalbín aportaría respuesta a muchos de los interrogantes sobre Tartessos. Una hipótesis de trabajo nos lleva a que consideremos que, tras una ocupación durante la Edad del Bronce, debió persistir un asentamiento de origen ibero-turdetano. En este sentido, los arqueólogos sitúan en Gibalbín los hallazgos de dos escarabeos en plata o esteatita vidriadas, de factura egipcia o fenicia y fechados en los siglos VIII-VI a.C.

La ocupación romana supuso un cambio en la estructura del yacimiento y en su evolución demográfica: próximo a Gibalbín pasaba un ramal de la Vía Augusta; quizás el que iba de las actuales localidades de El Cuervo a Mesas de Santiago. El profesor Ramón Corzo cree que en alguna de las cuevas de la sierra pudo haber un santuario, que justificaría la existencia de un camino circundante. Basaría su supuesto al ubicar en la Sierra de Gibalbín la inscripción de Baebia Crinita, tal como hizo Fidel Fita en 1900, quizá de modo arriesgado. Don Antonio Tovar propuso que aquí estuvo Cappa, ciudad estipendiaria del Conventus Gaditanus, que cita Plinio (III, 3, 15) y el Anónimo de Rávena (IV, 45, 317, 3-9).

Recientemente, un grupo importante de estudiosos ha ubicado dicha ciudad estipendiaria en un yacimiento cercano al lugar que hoy se llama Esperilla, que posee tanto restos turdetanos como romanos. De hecho, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Sevilla (con J. Beltrán y J. L. Escacena a la cabeza) está realizando prospecciones en los municipios sevillanos de Las Cabezas de San Juan y Utrera y en los gaditanos de Espera y Bornos dentro de un proyecto iniciado hace ya casi tres años y cuyo destino es la reconstrucción de la evolución de la comarca del Bajo Guadalquivir desde la etapa turdetana hasta la dominación romana.

Por otro lado, el historiador gaditano decimonónico Adolfo de Castro, buen conocedor de la topografía del lugar, llegó a identificó el riachuelo de Munda con el arroyo Romanina, que se encuentra al pie de la sierra de Gibalbín. Podría incluso dársele al vocablo toponímico "romanina" un significado análogo al de "sarracina", que significaría "matanza de romanos". En este pensamiento decimonónico, no faltaron quienes pensaron en esa localización para la célebre batalla.

Nuestro compañero Jesús Montero Vítores publicó hace unos años, en la Revista de Historia de Jerez, sus conclusiones acerca del enclave de Gibalbín, basándose en el análisis de la Geografía de Ptolomeo. Sugiere que Gibalbín sería Ceret, el precedente poblacional del actual Jerez. Antes que Jesús Montero otros identificaron en la Sierra de Gibalbín el emplazamiento de Cerit, ceca de acuñación de monedas identificada por unos con Jerez de los Caballeros y otros, con más fundamento, con nuestra ciudad, y de la que se conocen no pocas monedas aparecidas en las proximidades de Jerez de la Frontera, de tipología púnica-romano (al estilo de las procedentes de Carmo), con cabeza radiada y espigas y la leyenda CERI o CER+, de finales de la República.

De Gibalbín procede también un diploma militar con inscripción correspondiente a la licencia de un pretoriano de la cohorte X pretoria, del año 166 d. C., y que está recogida en el corpus del profesor Julián González. El padre Fidel Fita registra cerca de la sierra, en los últimos años del XIX, una cabeza de mármol y seis inscripciones. Además, se han descubierto alrededor cuatro villas romanas, Romanina alta, Haza de la Torre, Fuente Salud y La Isleta, con una ocupación humana que va desde el siglo I al VII. Este sería el ager Ceretanum de la literatura latina y al que nos hemos referido en anteriores trabajos.

Y llegamos al Medievo, para el arabista Martínez Ruiz, el topónimo "Gibalbín" o "Gibralbir" partiría de los términos Gibral, que sería "monte", y Bir, "pozo"; así el término "montaña del pozo". Por su parte el sastre-historiador jerezano del XVIII, Bartolomé Gutiérrez la "Sierra de Gibelvir suena monte grande".

Desde la época musulmana, la Sierra de Gibalbín tuvo un valor estratégico en el sistema defensivo: es de factura almohade el castillo, cuyos restos han llegado hasta nuestros días. La cerca es de tapial y tiene forma de cuadrilátero, de unos 20x30 m. La puerta de acceso estaba situada en el lado sur, por donde el desnivel del terreno es más pronunciado para defensa de la entrada. La torre está hecha a base de sillares y elementos reutilizados procedentes de la ocupación romana del yacimiento.

Tras la Reconquista cristiana, Gibalbín jugó un papel destacado durante la década de 1274-1284, cuando los benimerines realizaron múltiples razzias por la comarca jerezana. La repoblación cristiana a finales del siglo XIII de la zona fracasó por las dificultades que sufrieron los pobladores durante las incursiones de estos musulmanes norteafricanos. Precisamente en 1274, el rey Alfonso X aprueba un privilegio en el que se relaciona el deslinde de los términos de Jerez, Lebrija y Arcos, y en el que se refiere al topónimo Gibalbín: "E deste mojón va derecho a otro mojón que es en una cabeza pennosa de un collado, so la syerra de Gibraluir, do es el departimiento de los términos de las aldeas de Grannina e de Carrizal, do finca Grannina a Xerez, e Carrizal a Lebrixa".

Actualmente el lugar está declarado como bien de interés cultural pero las autoridades no han hecho nada más. Es una zona de uso militar, que está en los límites del Cortijo de la Sierra, en el que pastan las reses bravas de Rocío de la Cámara.

CRT

En una reciente visita al extraordinario conjunto de nuestro Alcázar, cuyo personal, por cierto, por su exquisito trato y preparadísima disposición, está sobradamente a la altura de esta joya de la cultura jerezana (y algo tendrá que ver nuestra buena amiga Milagros Abad); allí, digo, encontramos a Andrés Rubiales. No es profesor, ni historiador, ni guía, ni se pavonea con títulos de papel mojado. Pero eso sí, nos condujo como un cicerone profesional, como Virgilio a Dante, y nos sorprendió con una charla tan amena como instructiva, en la que "desfilaron" muchos: desde Argantonio a Enrique de Trastámara, desde el estaño de las Casitérides al cercano yacimiento de Ocuri; desde los fenicios a los vándalos…

Y no sólo decía datos: su formación histórica estaba basada en la reflexión sobre tantas lecturas y en deducciones propias y atinadas. Es de esos "locos" que en estos tiempos de barbarie necesitamos más que nunca y que nos animan a coordinar esta página. Gracias, Andrés.

José García Oliva. Experto en literatura infantil y juvenil.

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