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El dilema de cómo salvar el sistema de pensiones

La pregunta es dónde van a trabajar los mayores de 67 años en un mercado laboral en el que no consiguen empleo ni los jóvenes

A estas alturas apenas ya nadie duda de que el sistema de pensiones, tal como está concebido hoy en día, es insostenible. El aumento de la esperanza de vida, los altos índices de paro y el retraso cada vez mayor de la entrada de los jóvenes al mercado laboral, entre otros aspectos, hacen que cada vez sea más difícil pagar las pensiones con las cotizaciones de las personas que están trabajando. En los últimos años de bonanza, eso se pudo corregir gracias a la numerosa mano de obra inmigrante que llegó a España al calor de un espectacular desarrollo económico que se ha desvanecido. Hoy por hoy, ni los economistas más optimistas contemplan un escenario a corto y medio plazo en el que la mejora de nuestra economía vuelva a favorecer un desembarco verdaderamente masivo de mano de obra extranjera. Es más, son algunas las voces expertas que apuntan a un próximo empeoramiento de la economía en los años venideros. Sea como fuere, sería ingenuo y peligroso esperar un milagro económico como solución a los problemas de sostenibilidad de las pensiones.

Con este problema de fondo, el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, sugirió ayer en su comparencia en la Comisión del Pacto de Toledo del Congreso prolongar ya la vida laboral de los españoles hasta los 67 años, una propuesta que no debe ser desoída ni tratada a la ligera. No hace falta demostrar que, hoy en día, es normal que una persona con esa edad se encuentre en condiciones óptimas para realizar trabajos que no requieran un esfuerzo físico excesivo, por lo que podría ser una solución. La pregunta que hay que responder es dónde van a trabajar estos mayores de 67 años en un mercado laboral tan reducido y rígido como el español, donde además la edad se penaliza a partir de los 45 años. Cuando no sabemos cómo dar salida a una población activa joven y bien formada, es un poco ingenuo pensar que podremos encontrar trabajo digno y bien remunerado para mayores de 65 años.

La otra solución que se propone para salvar las pensiones es, grosso modo, financiar el déficit de las pensiones vía impuestos. Esto, evidentemente, aunque podría ser una solución relativamente fácil de poner en marcha, propiciaría un aumento de la presión fiscal en España con sus consiguientes problemas de desincentivación empresarial y el aumento del desempleo. Como se ve, no estamos ante un problema fácil y cualquier solución debe venir de un gran acuerdo entre los principales partidos del que, por supuesto, quede desterrada cualquier demagogia. Lo contrario lo pagaríamos muy caro.

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