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Tribuna

Pablo Gutiérrez- Alviz y Conradí

Desde Sitges, sin amor

Desde Sitges, sin amor Desde Sitges, sin amor

Desde Sitges, sin amor

Mi amigo, el joven espía ruso Antoni Putin, me llamó hace unos días para contarme sus últimas aventuras. A mitad de junio se dio de baja laboral por depresión, cosa que no ha sentado muy bien en Moscú. Como algún lector recordará, Antoni es homosexual o "gay", preferencia que descubrió viendo las películas de James Bond, porque no solo le gustaba el agente británico en todas sus encarnaciones, sino hasta los más canallas personajes masculinos de la organización criminal "Spectre". Al parecer, no ha superado que le dejara su último novio, Joshua, un llanito (o gibraltareño) que a la sazón era su profesor de inglés, y claro, con el corazón roto, ya no quiere saber nada de ese idioma. De su inclinación sexual apenas sospechan en Rusia. Si fuera conocida tendría problemas: son muy homófobos.

Un brillante psiquiatra le ha recomendado a Antoni que se vaya durante unos meses de Cádiz (su plaza funcionarial) e intente olvidar a Joshua, y que para ello lo ideal sería irse a Sitges (capital europea "gay"), a ver si con algo de suerte pudiera encontrar un nuevo amor. Luego, con el corazón en orden, podría retomar su prometedora carrera como espía.

El caso es que en Sitges ha conocido a un chico catalán que se llama Leonci (Leoncio, en castellano) con el que todo iba muy bien hasta que ha sabido que es un independentista del grupo político Arran, la agrupación juvenil de la CUP (Candidatura de Unidad Popular: partido antisistema de extrema izquierda por la república catalana). Y es que tras los primeros días de pasión, el nuevo noviete ya solo hablaba de la España opresora. Antoni con la depresión no recordaba el rollo del procés y, menos aún, la polémica sobre el referéndum. Nuestro espía ruso, solo y pensativo, se fue de excursión a Barcelona y, de pronto, su autobús turístico fue asaltado en la Diagonal por varios chicos de Arran, entre ellos Leonci. Allí mismo, el joven radical le detalló sus próximas acciones para dotar el referéndum de urnas y de papeletas, y rompieron su relación.

Putin, desolado pero siempre responsable, decidió de inmediato hacer un borrador de informe para Moscú que me ha enviado por correo electrónico y somete a mi consideración. Esta nueva ruptura lo ha vuelto más inseguro.

"Estimado coronel Nilokonozko, o si usía estuviera gozando de sus muy merecidas vacaciones, a la atención del oficial (o suboficial) de guardia de mayor rango:

A pesar de encontrarme de baja, procedo a informar de un grave problema con repercusiones político-económicas. Por razones de salud he tenido que desplazarme a un famoso pueblo costero de Cataluña, donde he conocido a un agraciado joven independentista llamado Leonci, quien me ha contado que el Gobierno central ha prohibido a la Generalitat comprar papeletas y urnas para su (ilegal) referéndum del uno de octubre. Lo de las papeletas ya lo ha resuelto porque normalizará como válidas todas las hojas, de cualquier tamaño, que lleven los votantes siempre que sea legible la palabra "SÍ". También se admitirán con adiciones animosas como, "clar" (claro), "per descomptat" (por supuesto) e incluso, "collons" (cojones). El resto de papeletas serán nulas.

En cambio, lo de las urnas está más complicado y habría que comprarlas en el extranjero. No sería extraño que la Generalitat o, en su nombre, Anna Gabriel, la espesa portavoz de la CUP (grupo político antisistema), solicite a Moscú un presupuesto para la compra de ocho mil urnas, de cualquier dimensión o volumen, preferentemente de cristal o transparentes. Por las confidencias que conseguí del bello Leonci, no merece la pena malgastar el tiempo con tonterías de cuentas absurdas. La razón fundamental: el Gobierno autonómico no tiene dinero y en Cataluña nadie suele adelantar la pasta. Tampoco cabe pensar que algún ricachón, como el ético y desprendido Jordi Pujol, afiance el pago porque es una costumbre casi erradicada e incluso mal vista en esta región.

Hago constar que los de la CUP no respetan la propiedad privada y que serían capaces de todo con tal de celebrar el referéndum. En consecuencia, recomiendo que se extreme la vigilancia de las urnas civiles más emblemáticas de nuestra patria, tales como la de la momia de Lenin o la que alberga el gran pene de Rasputín, no vaya a ser que las sustraigan.

En definitiva, si acaso remitan una urna funeraria para las cenizas del procés. Y no contesten a la Generalitat, ni a sus secuaces (la citada CUP u otros como JPS, ANC...), ni siquiera al guapo Leonci.

Siempre a sus órdenes, A. Putin.

Pd: Ya estoy mejorcito".

Ayer mismo lo llamé varias veces para decirle que, por prudencia profesional, debería suprimir las alusiones a Leonci y quizá también la referencia al tamaño del miembro de Rasputín. Pero no me cogió el teléfono. Seguro que ya ha enviado el informe.

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