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Las siete vidas de un pícaro Pablo Carbonell triunfa en el XXVI Festival de Teatro de Comedias con 'El Mundo de la Tarántula'

Pablo Carbonell durante uno de los momentos de su espectáculo. Pablo Carbonell durante uno de los momentos de su espectáculo.

Pablo Carbonell durante uno de los momentos de su espectáculo. / fernández hortelano

Nunca es fácil desnudarse espiritualmente encima de un escenario. Y si eres Pablo Carbonell todavía menos. El Mundo de la Tarántula es un espectáculo basado en la autobiografía que Carbonell publicó en 2016. Y que alcanzó los primeros puestos en las listas de libros de no ficción.

Seguramente buena parte del público que se encontraba el viernes en el Patio de San Luis Gonzaga no esperaba ver a este picaresco gaditano desgranando uno a uno los pasajes de su vida. Y lo hizo con una naturalidad con la que solo él puede hacerlo.

La verdad es que a Pablo Carbonell no hay nada que se le resista. Con ganas de hacer reír y guitarra en mano, Pablo el actor apareció en el escenario dispuesto a hacer un ejercicio de sinceridad que enganchara a los allí presentes a su "farandulesca vida". Con pocos elementos en escena, una silla, una mesa y un sillón, el artista supo trasladar al público hasta los momentos más íntimos de su infancia, su juventud y su presente.

Su primera novia, Lola, la muerte de su amigo Vicente, sus primeras experiencias sexuales... Carbonell no quiso dejarse nada en el tintero. Todo ello narrado con su habitual sentido del humor y acompañado de temas musicales que han marcado su vida. Hace unos días el artista explicaba a este medio que "la vida es como una montaña rusa". Y en El Mundo de la Tárantula da buena cuenta de ello.

Durante su espectáculo, Pablo Carbonell hizo un repaso de su trayectoria profesional. Desde sus inicios con su queridísimo Pedro Reyes en las calles de Huelva. Aunque tampoco faltaron otros nombres que han jugado un papel fundamental en la vida del gaditano, como es el caso del cantautor Javier Krahe, el Gran Wyoming, María Barranco o Loles León. Pablo Carbonell es un gran imitador. Lo demostró con creces. Sobre todo con su imitación de Mariano Rajoy.

Como parte importante de su espectáculo se sitúa su adorada Cádiz. Esa ciudad donde nació, pasó sus primeros años de colegio y de la que tanto le costó marcharse cuando destinaron a su padre a trabajar en la provincia de Huelva. No son todo risas. Carbonell habla de los momentos más duros de su vida con total franqueza. Entre ellos, la muerte de algunos de sus amigos, sus rupturas amorosas o su relación con las drogas.

Programas de televisión como 'La Bola de Cristal' o 'Caiga quien Caiga' también tienen su hueco en este espectáculo. Una obra con la que el cómico demuestra que, a pesar de los obstáculos que le ha puesto la vida, siempre ha sabido salir adelante. Posiblemente por su picaresca, su sentido del humor y su frescura. Lo cierto es que, como los gatos, este camaleónico artista parece tener siete vidas.

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