La Sierra ofrece otros alicientes para hacer frente al sol y playa

  • Los Pueblos Blancos no cierran por vacaciones. El sector lucha para romper la estacionalidad veraniega

La Sierra gaditana asume con optimismo el último tramo de la oferta veraniega. Es el momento más codiciado para muchos que ven cómo el pulso vuelve a las calles de algunos pueblos porque toca celebrar ferias y fiestas patronales.

Atrás ha quedado el letargo bochornoso de julio y agosto, que impone otro ritmo en la comarca. Es el de la estampida en masa de los locales a las playas de la provincia por imperativo de los 40 grados de los termómetros, dejando a núcleos enteros semi vacíos. Y es el del descenso de visitantes, que buscan una oferta ligada al medio y al aire libre más propicia para otras temporadas como el otoño o la primavera.

Como muestra un botón. La afluencia a la reserva natural del Pinsapar, en Grazalema, se cierra este mes de agosto con 200 visitantes frente a las 747 personas que lo hicieron en enero de este año. La razón: el calor y la obligación de ir con guías especializados para prevenir incendios.

Aún así, la oferta turística serrana no cierra por vacaciones. El sector turístico local trabaja desde hace unos años por romper la estacionalidad veraniega y ofrecer posibilidades de ocio durante todo el año. Bien es sabido, que la temporada alta en la Sierra se inicia con el otoño para desembocar prácticamente en el mes de junio. Son los meses dorados del turismo serrano, cuando hoteles y negocios obtienen los grandes beneficios.

Pese a la masiva tendencia de optar por el turismo de playa, la comarca se esfuerza por vender turismo de interior en verano abanderando la estampa de la tranquilidad, el patrimonio cultural, la tradición, el buen yantar, y la naturaleza como marca diferencial de los Pueblos Blancos. Las posibilidades van desde la visita a los cascos antiguos de los municipios hasta la organización de fiestas como la de Moros y Cristianos, en Benamahoma; las ferias de El Bosque, Grazalema, Prado del Rey, Benaocaz, Algodonales, Olvera… No se quedan atrás las rutas a pie, caballo o en bici para conocer el entorno de la Vía Verde de la Sierra o la práctica del golf, entre otros muchos alicientes. El alcalde de Olvera, Fernando Fernández, recuerda que uno de los grandes atractivos de la localidad, el castillo medieval construido sobre una fortaleza musulmana, permanece abierto en verano como elemento de atracción hasta este enclave.

Un filón que empieza a despuntar tímidamente y en el que algunos ayuntamientos han puesto sus miras de futuro es la explotación náutica, recreativa y deportiva de algunos pantanos serranos. Por ejemplo, el embalse que comparten Zahara de la Sierra, Algodonales y El Gastor se erige en un punto para esta modalidad, a cuya sombra florecen algunos negocios dedicados al turismo activo.

Arcos y Bornos, con sendos lagos, comienzan a perfilar también una naciente oferta deportiva en sus aguas para la práctica deportiva, que puede convertirse en un futuro en otro atractivo más de dinamización económica. Cabe recordar que el Ayuntamiento arcense ha puesto en funcionamiento con la iniciativa privada un barco solar en el lago para ofrecer viajes a grupos y particulares con la intención de dar a conocer las energías limpias y el entorno natural de este espacio protegido.

El patrimonio cultural sigue en verano en el top de la oferta de los 19 municipios serranos. Es un ingrediente de peso para un turismo llamado "de paso", según aclara Diego Medina Oca, directivo del Grupo Hostelero de Arcos. Por ejemplo, el atractivo monumental de Arcos es visita obligada cada verano para decenas de personas que llegan hasta el municipio para pasar uno o dos días mientras veranean en algún punto de la costa gaditana.

Medina hace balance y apunta que los hoteles arcense han estado en este agosto casi al 80 por ciento de su ocupación en la ciudad. La razón: los precios son más económicos que en la costa, y muchos prefieren pernoctar en la Sierra y trasladarse de ahí hasta las playas. Esta cifra es un repunte con respecto al mes de julio cuando la ocupación hotelera en Arcos no llegó ni al 40 por ciento.

El sector turístico confía en que septiembre sea mejor. "Es un turismo con mayor poder adquisitivo", dice Medina, quien subraya que la peor parte se la está llevando restaurantes y negocios, en donde la crisis hace mella. "La gente no consume. Es el mayor bajón que estamos padeciendo", sostiene este profesional del sector afincado en Arcos.

De momento, muchos pueblos calientan motores para adentrarse en la celebración de sus ferias, que para muchos puede ser el revulsivo económico para poner el broche al tiempo estival.

También la actividad económica ligada al macizo de la Sierra de Grazalema engrasa motores con el final de las calores para hacer frente al tradicional segmento que opta por el interior.

Las cuatro áreas de reserva del Parque de Grazalema (El Torreón, Pinsapar, Llanos del Ravel y Garganta Verde), la joya de la corona serrana, será, a partir del otoño, un destino obligatorio para los miles de visitantes que deciden conocer la Sierra gaditana.

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