"Nos estamos encaminando a una democracia bajo condiciones"

  • El politólogo Francisco Vallespín lanza un mensaje cargado de pesimismo: "Occidente está fracasando" · La influencia de las potencias emergentes amenaza los logros de la vieja Europa del estado del bienestar

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"Europa, Occidente, está fracasando". El rabioso pesimismo exhibido ayer por Fernando Vallespín, uno de los grandes politólogos españoles, en la segunda conferencia del ciclo Anticipar el futuro construyendo el presente, organizado por la Diputación Provincial de Cádiz con la colaboración del Grupo Joly y Unicaja, es posiblemente nuestro único revulsivo. "El futuro es la sede de todos nuestros males (...) en las protestas de Francia una niña sostiene un cartel en el que pone 'no queremos vivir peor que nuestros padres' (...) los sindicatos salen a la calle por primera vez no para conquistar lo que no tenemos, sino para conservar lo que tenemos". El rabioso pesimismo de Vallespín quiere remover conciencias porque "para seguir como estamos tenemos que cambiarlo todo".

La conferencia de uno de nuestros más activos intelectuales, que ha escrito en seis volúmenes una Historia de la teoría política, que no se conforma con el convencionalismo, fue directa a la cabeza: "Lo que me preocupa es la democracia". Sí, la democracia. Y lo que le preocupa es la crisis de valores. Aquí topamos con un problema. Hay un sector de la población que escucha lo de la crisis de valores y se le viene a la mente que tenemos una crisis de cristianismo y de nacionalismo, es decir, que perdemos la esencia de nuestras trincheras. "Nos reoccidentalizamos dando pasos atrás, en el camino equivocado, a la defensiva". Los valores que estamos perdiendo están en algo más tangible, la razón. Estamos dinamitando los valores de la Ilustración.

Por partes, ¿cuál es el problema? "Nuestro estado de bienestar tiene su origen en un pensamiento que se desprendía de la superstición, que aspiraba a la modernidad por la razón, por la verdad científica, porque ello nos daría democracia, derechos humanos y prosperidad". Eso valía hasta ahora. "¿Cuál es, en la actualidad, el sistema productivo más moderno del mundo? Singapur, con una organización estatal de reminiscencia feudal. El segundo más moderno es Estados Unidos, donde un 65% de la población cree en los ángeles, no en los de California, sino en los que tienen alitas. Esos valores que Occidente pretendía universalizar se desmoronan porque China demuestra que se puede llegar a la prosperidad desde un parametro comunista, con un dumping social y ecológico con el que no podemos competir".

Este fracaso de Occidente, cuyos valores van a dejar de ser un modelo para todas las potencias que emergen (Vallespín advierte de que las revueltas del mundo árabe, contra lo que creemos, no tienen por qué tener el modelo necesariamente de Occidente), es el que teme el politólogo que amenace la democracia o que nos convierta en democracias tuteladas. "Vamos a una democracia bajo condiciones. ¿De qué les sirve a los griegos haber elegido a Papandreu si a las dos semanas los alemanes le remitieron las órdenes a cumplir? O resolvemos el desfase entre un sistema económico internacional que impone sus imperativos bajo sus condiciones o no hay futuro para la democracia". Esto es, nos enfrentamos al mundo económico globalizado con munición nacional y la prueba está en la posición de retirada de la Europa política. "Alemania es el país fuerte de Europa, el que dirige, pero nosotros no elegimos a Merkel. A Merkel la eligen los alemanes y ella gobernará en función de lo que demanden los alemanes". De nuevo, democracia a medias, ¿qué política decidimos nosotros con nuestro voto local?

La única vía, según Vallespín, se encuentra en gobiernos supranacionales, regiones que debatan en el marco de un gran gobierno mundial que tuviera esos valores occidentales. Pero esto es una ingenuidad, lo reconoce: "Carecemos de líder. Pensamos que Obama lo sería y no lo ha sido. Ahora los derechos humanos se reinterpretan según la cultura, e incluso según el individuo". Un ejemplo lo dice todo. Tras años de neoliberalismo, Europa, e incluso Estados Unidos, se mostraron de acuerdo en aplicar lo que popularmente se conoce como la tasa Tobin, que es un impuesto a los beneficios no de la producción, sino, por simplificar, de la especulación, del mundo ficticio de la riqueza de papel. La propuesta no salió adelante no por los países que habían inventado, al fin y al cabo, el capitalismo como lo conocemos, sino las potencias emergentes, el denominado comunismo chino, la izquierda de Lula en Brasil, la India... Son países que reducirán a un 2% la poblaciíon europea en el mundo, que nos superarán en PIB en menos de diez años. Esos son los líderes que marcan ahora las reglas "y no están dispuestas a cambiarlas ahora que van ganando el partido por cuatro a cero".

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