El euro, culpable del bajo consumo

  • Comerciantes y dependientes apuntan a la congelación de los sueldos como causa del descenso en la ventas

El euro y la, casi inapreciable, subida de sueldos repercuten irremediablemente en la disminución del consumo de productos alimenticios típicos de Navidad. Ahora, comer marisco y pescado en Nochebuena es un lujo que queda relegado a los más mimados de la casa.

"¡Hala, ya se fueron los 10 euros!", con estas palabras, Carmen Solís le comunica al dependiente de uno de los puestos de pescado del mercado de La Concepción, que termina su turno y encargo porque "la cosa no da para comprar más". La encargada de la pescadería Hermanos Muñoz, con una leve sonrisa, recalca que los niños son los que disfrutan más de estos "manjares navideños".

Carmen Solís, como muchos ciudadanos, achaca el recorte de las comidas de estas fiestas a la congelación de los sueldos y afirma con rotundidad que, si alguien se tiene que sacrificar, serán los mayores; "las gambitas para mis niños".

Otro dependiente, en esta ocasión de un puesto de charcutería del mercado de abastos portuense, reconoce que el embutido aún "aguanta", donde el rey sigue siendo el jamón de pata negra. Un surtido ibérico se obtiene por 39 euros.

El que despacha no se explica el por qué de la alarma que tienen sus compañeros de pescadería, "quizás es que llenan más que un pescaíto y cunde en la familia para varios días".

Para combatir esta disminución, algunos comerciantes realizan ofertas a los consumidores. Una pescadera vende a 6 euros un kilo de gamba fresca para hacer competencia al puesto de al lado en el que su precio asciende a 8 e incluso a 12 euros.

Otro de los problemas es que en estas fechas oscilan los precios muy bruscamente. La semana pasada un kilo de besugo costaba 9 euros, siete días después, cuesta 10.

La verdura y la fruta tampoco se libran de este descenso. En la frutería Genaro, la clientela también se resiente a la hora de llevarse naranjas. El precio del kilo de este artículo andaluz por excelencia no ha variado desde el año pasado: 0,99 euros el kilo, sin embargo, la venta sí.

El dedo pulgar hacia abajo de José Manuel González Fuentes es su respuesta no verbal cuando se le pregunta cómo va este año el negocio de las hortalizas. El mismo gesto emplea una señora, que responde al apellido de Martínez, al afirmar que "este año es imposible".

Asimismo, unas personas que esperan en la cola de una panadería cercana a la calle Larga aclaran con resignación que el pan es lo único de lo que no pueden prescindir "caiga quien caiga" porque se trata de un bien de consumo de "primera necesidad".

La mayoría de los comerciantes insisten en que "el euribor" y los sueldos son "las verdaderas causas" del importante descenso de sus ventas.

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