Una interpretación sublime para un Te Deum inmortal

  • El conjunto vocal e instrumental 'La Grande Chapelle' ofreció ayer en la iglesia del Carmen el mismo himno de acción de gracias que oyeron los diputados del Doce

Justo dos siglos después, los sones del mismo Te Deum que se interpretó el día que se promulgó la Constitución de 1812 ante los diputados doceañistas volvieron a sonar en la iglesia del Carmen. Esta vez no llovía en el exterior, aunque un punzante viento del norte hizo eterna la espera para poder acceder al templo. Invitados y ciudadanos en general se arremolinaron frente a la Alameda y soportaron estoicamente desde mucho antes de las diez y media de la mañana para disfrutar de la composición de Nicolás Zabala. En el interior, políticos como José Macías, Pablo Román, Federico Pérez Peralta, Fran González, Gonzalo Pando, Luis Ben o Carolina Camacho. También se pudo ver al deán de la Catedral, Enrique Arroyo, y al arcipreste de Cádiz interior, Rafael Fernández Aguilar.

A las 10:39, con el templo prácticamente lleno, y con algunos participantes en la procesión cívica ocupando los laterales con sus vistosos trajes de época, dio comienzo el Te Deum, que fue prologado por el musicólogo Marcelino Díez, el encargado de rescatarlo y transcribir su partitura, quien ofreció algunas pinceladas de historia, como por ejemplo el hecho de que durante el siglo XVIII se interpretaron en la ciudad más de 70 de estas obras, la última en 1796, coincidiendo con la visita del monarca Carlos IV.

Ante un altar mayor adornado para la ocasión por los hermanos de la Archicofradía del Carmen, La Grande Chapelle, un magnífico conjunto vocal e instrumental de música antigua que se ha erigido en poco tiempo en referencia ineludible en el panorama de la música antigua española, interpretó las 16 piezas que componen el himno de acción de gracias cantado con motivo de la promulgación de La Pepa.

Fue una interpretación majestuosa, un concierto a la altura de las circunstancias, lo cual no es ninguna tontería en este Bicentenario de claroscuros. También hubo una gran comunión con un público respetuoso y silencioso que supo esconder hasta las toses, tan molestas en este tipo de eventos y que aparecen con demasiada frecuencia por los teatros gaditanos. 

El himno de acción de gracias arrancó con el Te Deum laudamos a ocho, en la que violines y violas ofrecieron una muestra de su virtuosismo acompañados por las voces de un coro equilibrado. Posteriormente continuaron interpretando el Tibi omnes angeli, a dúo; Sanctus, a 4; Te gloriosus, a dúo; Te martyrum candidatus, a dúo; Patrem immense maiestatis, a 8; Sanctum quoque, solo; Tu Rex gloriae, a 8; Tu patris sempiternus, a solo; Tu devicto mortis, a solo; Iudex crederis, a 8; Et rege eso, solo; Miserere nostri, a 3 y por último el In te Domine speravi, a 8. 

Albert Recasens se encargó de una dirección musical impecable que fue muy aplaudida por un auditorio hipnotizado desde que arrancaron los primeros sones de violines.

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