la guardia civil, desde dentro

Tras el narco

  • Varias unidades de la Guardia Civil están especializadas en la lucha contra el narcotráfico

  • Las investigaciones para desarticular una red por completo pueden durar más de un año

Tras el narco Tras el narco

Tras el narco

Doce mil toneladas de hachís incautadas entre Chiclana y Tarifa. Desarticulada una red de narcos que introducía droga en naves nodriza. Intervenidos 445 kilos de cocaína escondida entre pollos congelados... Son solo algunos de los titulares que la lucha contra el tráfico de drogas ha dejado este año en los medios de comunicación. A ellos se han sumado en los últimos meses otros sobre la violencia con la que los narcotraficantes se están enfrentando a los guardias civiles, policías nacionales y locales que tratan de evitar los alijos. Atropellos, coches embestidos y un último episodio en el que decenas de personas atacaron en La Línea a los efectivos han inundado los informativos.

Esos titulares son la cara visible del trabajo que hacen las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en la lucha contra el narcotráfico, que tiene en el Estrecho uno de sus puntos calientes. Tras ellos está el trabajo de Policía Nacional, Vigilancia Aduanera, Policía Local y un buen número de unidades de la Guardia Civil. El SIVE, las Unidades de Seguridad Ciudadana, el Servicio Marítimo... "En realidad, dedicados a la lucha contra el narcotráfico están todos y cada uno de los guardias civiles de la Comandancia", asegura uno de los agentes, al frente del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Comandancia de Algeciras.

El EDOA es quizás la unidad menos conocida de las que intervienen en esa lucha contra el narcotráfico, aunque su trabajo es fundamental. Se ocupa de la investigación de los delitos relacionados con el tráfico de drogas, un trabajo de meses o incluso más de un año que desemboca en la desarticulación de redes con múltiples detenidos y material incautado. Ejemplos no faltan, en operaciones como Pryamo-Rotores, once detenidos y 3.200 kilogramos de hachís incautados, o Sobrasada-Llull, con doce detenidos, tres toneladas incautadas y diversas embarcaciones y vehículos intervenidos.

En las oficinas del EDOA no se ven uniformes. Aquí no hay nombres ni caras para el reportaje. Deben mantenerse en el anonimato, como el teniente que explica su trabajo: "Investigamos todo el entorno criminal de las personas implicadas en delitos. El objetivo es delimitar la actividad de esa organización y acreditarla con alguna aprehensión de droga". Trabajo diario para acumular el máximo número de pruebas que llevar al juzgado e incautar todos los efectos posibles para que el grupo criminal no pueda continuar su actividad. "Son muchas horas de trabajo, cuando haga falta y en cualquier sitio de España. Es muy costoso a nivel personal", asegura el teniente, que prefiere no dar detalles de los medios utilizados en él. Recopilan información de las organizaciones delictivas a partir de sus integrantes, con un perfil más variado de lo que se sospecha que dificulta su detección. "Hay gente que pasa desapercibida por completo. Hay narcos con coches y casas de lujo, pero también hay quien lleva una vida normal". El vecino de al lado. Muchos residen en todo el litoral Sur, punto caliente por su cercanía a Marruecos. Y en ese punto caliente, destaca el Campo de Gibraltar, que tiene sus propios enclaves al rojo vivo.

El río Guadarranque era hasta hace poco uno de ellos. A lo largo de su margen proliferaban los narcoembarcaderos, punto de salida y regreso de las embarcaciones utilizadas en el tráfico de hachís. Antes de la instalación de la denominada narcobarrera, ya saboteada varias veces, la entrada y salida era continua y las quejas de los vecinos también. ¿Por qué no se ha atajado antes? "Hay actuaciones a diario", asegura el teniente. "Pero lo que parece tan evidente a veces no es tan sencillo de demostrar ante un juez".

Ahí entra en juego la investigación que desarticuló el pasado año una organización que actuaba desde el río y utilizaba todo tipo de embarcaciones para transportar la droga, la operación Grus. En esta ocasión, los narcos eran del tipo llamativo: la operación se inició al sospechar de su alto nivel de vida pese a carecer de ingresos. Tras varias actuaciones la Guardia Civil logró detener a 17 personas, poner a disposición judicial como investigadas a otras 6 y incautarse de 900 kilos de hachís. Pero además encontró en Algeciras 36 embarcaciones, 22 motores, 12 vehículos y 13 remolques. Toda una flota al servicio del tráfico de hachís en la que se incluía hasta un barco pesquero.

Otra operación, Sobrasada-Llull, desarticuló una organización establecida en el Guadarranque. Llegados desde Málaga y tras intentar medrar mediante robos de alijos a otras redes, los narcos no sólo contaban con un narcoembarcadero, sino que llegaron a alquilarlo a otras organizaciones delictivas a un precio de entre 10.000 y 14.000 euros por servicio. Y cuando fueron descubiertos adquirieron un segundo terreno en la ribera del río. Tras una investigación de más de un año, la operación acabó con otra flota incautada: 4 embarcaciones, 2 tractores y 6 vehículos de alta gama, además de armas de fuego. En este caso, la operación fue en colaboración con los Mossos d'Esquadra, ejemplo de algo bastante habitual, la cooperación entre distintos cuerpos de seguridad o entre unidades de las distintas provincias. Y también con los cuerpos dedicados a la lucha contra el tráfico de drogas en otros países, europeos o terceros.

Con la barrera en el Guadarranque ha ocurrido lo previsto: las organizaciones se han desplazado a otras zonas, dispersándose por todo el litoral sur. "Cada organización busca sus nuevos narcoembarcaderos dependiendo de sus necesidades. Se han detectado construcciones nuevas en muchos sitios y se está actuando sobre ellas". En la lucha contra el narcotráfico hay muchas herramientas y alguna es urbanística: las sanciones por construir en dominio público son un ejemplo. Hace un mes la Junta de Andalucía multaba a dos propietarios por construir rampas en la margen del río. Y más allá de la sanción económica, insignificante para estos grupos, está la obligación de derribar la construcción. Otra herramienta es la investigación patrimonial, que lleva hasta el resto de la red que no actúa sobre el terreno.

Las organizaciones se mueven y se adaptan. También lo hacen con su metodología de trabajo: "A medida que innovamos e introducimos cambios para perseguir el delito ellos también lo hacen, es una carrera de fondo". El cambio más significativo para el tráfico de hachís fue pasar de las embarcaciones tipo phantom a semirrígidas de alta potencia, más difíciles de interceptar en el Estrecho. "En cuanto adquirimos nuevas embarcaciones cambiaron a otras nuevas". La disponibilidad presupuestaria no es la misma para las organizaciones del narcotráfico que para la Guardia Civil. Aunque las fuerzas de seguridad también se actualizan: Aduanas licitaba recientemente la compra de dos semirrígidas.

En el lado de la lucha contra el narcotráfico una gran innovación llegó de la mano del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior, una unidad clave en la persecución del narcotráfico en el Estrecho. Las cámaras del SIVE vigilan 24 horas al día, 365 días al año el tráfico de embarcaciones en la zona. Cuando el radar detecta un barco sospechoso las cámaras la enfocan y los especialistas de la Guardia Civil dilucidan si ese punto lejano puede ser una embarcación cargada de hachís para controlar sus movimientos y su destino final. Entonces actuará el Servicio Marítimo con sus embarcaciones. Y en la playa estará esperando un equipo para abortar el alijo.

cocaína

También por mar llega la otra sustancia en la que Algeciras es punto caliente: la cocaína. Aunque en esta ocasión no es por su ubicación geográfica, sino por la magnitud de su puerto; con 4,7 millones de contenedores movidos al año es más fácil introducir droga que en puertos más pequeños. Todos los contenedores no pueden ser registrados, por lo que es importante afinar sobre cuáles se actúa. Y ahí entra en juego la Unidad de Análisis de Riesgo (UAR), conjunta entre la Guardia Civil y Vigilancia Aduanera.

La UAR está detrás de incautaciones como los 445 kilos de cocaína encontrados en mochilas dentro de un contenedor de pollos congelados procedente de Brasil y con destino a Emiratos Árabes, el pasado mes de enero. En otras ocasiones llega escondida en dobles fondos, en frutas o en cualquier formato. Y para saber cuál es el contenedor peligroso la UAR analiza actuaciones anteriores, busca un perfil o patrón. Suelen llegar de países sudamericanos. En ocasiones también se encuentra en veleros, como ocurrió hace unos años en el arranque de la operación Payaso, en la que se hallaron 589 kilos de cocaína en un velero de Gibraltar cuando estaba atracado en un embarcadero de una vivienda en el puerto deportivo de Sotogrande.

"Cada organización criminal aprovecha todos los medios de transporte a su alcance", remarca el teniente. También se siguen dando los casos de personas que transportan droga en el interior del organismo, la forma más peligrosa de hacerlo. "Habrá organizaciones que solo puedan trabajar de esa forma. Es un mundo tan cambiante que no hay un modus operandi estándar". Aunque sí se ha detectado un cambio en los últimos tiempos, una mayor agresividad hacia los cuerpos de seguridad del estado. Las agresiones se han sucedido en las últimas semanas y las distintas asociaciones de la Policía y la Guardia Civil reclaman más medios personales y materiales, amén de la declaración del Campo de Gibraltar como zona de especial conflictividad.

El ciclo de lucha contra el narcotráfico de la Guardia Civil no se cierra sin otra tarea fundamental, quizás la que más: la prevención. Prevención que se hace a diario "por parte del servicio de seguridad ciudadana, las patrullas, cualquier guardia civil que esté de servicio o no". Y que también se realiza de la mano del plan director que lleva a los agentes a los centros escolares, para formar y concienciar a los más jóvenes. Todo enfocado al mismo objetivo: acabar con el narcotráfico, aunque con la conciencia de que el delito cero es una utopía. "Lo mejor que tiene este trabajo es poder quitar esa droga de la calle, que nadie la consuma".

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