El navazo de Sanlúcar, un patrimonio rural en peligro

  • El histórico sistema de cultivo que aprovecha las hondonadas entre dunas litorales está perdiendo suelo por la presión urbanística y la inacción de las administraciones

Los primeros testimonios escritos sobre la existencia de los navazos datan del siglo XVI, pero su origen se pierde en el tiempo entre numerosas hipótesis. Este histórico sistema de cultivo que aprovecha las hondonadas existentes entre las dunas litorales llegó a sumar en el año 1888 unas 650 explotaciones con una superficie total de 1.000 hectáreas y alrededor de 3.000 familias dependientes de su actividad en cerca de una decena de municipios gaditanos. En la actualidad, sólo quedan campos de estas características en Sanlúcar, la población donde este modo de producción siempre adoptó su mejor expresión por la proximidad del acuífero y la arena fina de su costa.

El joven sanluqueño Rubén Sánchez, doctorando en Agroecología, lleva más de 15 años investigando sobre las particularidades de "este singular patrimonio rural en peligro de desaparición si no se toman las medidas necesarias para la conservación de este paisaje como recurso endógeno de desarrollo sustentable en un municipio que ha sido declarado recientemente Reserva de la Biosfera y forma parte del entorno de Doñana".

Sánchez, que es investigador del Instituto de Sociología y Estudios Campesinos (ISEC) de la Universidad de Córdoba, no para de publicar y dar conferencias sobre los navazos. En 2011 participó en el Campus de Excelencia Internacional en Patrimonio Cultural y Natural de la Universidad de Jaén y este año lo ha hecho en el IV Congreso Internacional de Agroecología, celebrado en Vigo. Además, organiza visitas a estos campos de productos hortícolas. Esta misma semana acompañó a un grupo de alumnos y profesores del Departamento de Antropología Social de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla al navazo situado junto el Baluarte de San Salvador, el mejor conservado de todos.

Según asegura este experto de la asociación sanluqueña de consumidores y productores ecológicos 'La Borraja', "hay un interés creciente en el mundo académico por este agroecosistema tradicional, retomando la especial relevancia que tuvo durante la Ilustración y periodos posteriores; pero aún no ha llegado al ámbito de las administraciones. Cuando éstas reconozcan, que lo harán, que esto es un patrimonio singular, quizá sea demasiado tarde. Todavía nos podemos plantear restaurar paisajes ahora abandonados, proteger navazos, recuperar algunos que han sido alterados, pero dentro de unos años probablemente no podamos hacer nada". "Y menos mal que el sector inmobiliario nos ha dado una tregua por la crisis", comenta en alusión a la presión urbanística sobre el litoral, el mayor enemigo de los navazos junto a su "falta de protección legal".

'Bardo', 'tollo' y 'privá' son algunos de los términos vinculados a esta forma de cultivo que también se da en otras partes de España, como Huelva y Valencia; e incluso del resto del mundo, como Portugal, Israel, Gaza, Marruecos y México; si bien "todos los expertos coinciden en afirmar que el modo de desarrollo de este agroecosistema en Sanlúcar no lo hay en ningún otro lugar, dadas las dimensiones y el perfeccionamiento que ha alcanzado en este municipio, donde encuentra su máximo exponente".

Durante años, La Borraja y Ecologistas en Acción han clamado en el desierto defendiendo la conservación de estos cultivos ante la inacción de las distintas instituciones. Actualmente, está gestándose una "plataforma" que tomará el testigo de esa "reivindicación social histórica" en Sanlúcar. "Hay muchas administraciones competentes que ni siquiera saben de la existencia de este agroecosistema tradicional, que es defendible no sólo desde el punto de vista patrimonial, cultural, paisajístico y etnológico, sino también de la biodiversidad", asegura Sánchez, que tiene en mente iniciativas como la creación de un centro de interpretación con finalidad educativa, así como la puesta en marcha de huertos sociales.

Este técnico agrícola, que prepara nuevas publicaciones científicas y divulgativas acerca de los navazos, está convencido de que "la protección y restauración de estos paisajes tradicionales constituirían, sin duda, una fortaleza con vistas a poner en valor nuestro territorio y nuestros productos en los mercados". Ese objetivo mira igualmente a las ricas zonas agrícolas de La Algaida y Los Llanos de Bonanza, donde sería necesario restaurar sus navazos, que "no son mareales, sino de marismas, pero también únicos".

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