Un tornado causa notables daños a lo largo de seis kilómetros en Tarifa

  • El viento arrancó de cuajo árboles y techos, aunque no hubo daños personales

La localidad, muy acostumbrada a temporales de levante capaces de asustar al viajero, vivió durante la tarde noche del pasado viernes un hecho inusual en estas lindes: el paso de un tornado que provocó daños en un pasillo de unos seis kilómetros a lo largo de la campiña.

Eran las siete de la tarde del pasado viernes cuando después de un pequeño aguacero desde la costa oeste, en la zona del Ombligo, se formó un tornado que adquirió notables dimensiones y consecuencias avanzando en su rápido transitar hacia el noroeste de la campiña tarifeña en dirección hacia La Peña.

Todo sucedió en apenas un minuto, según relató a este diario Félix Nieto, encargado del hotel La Peña. Sin embargo, ese minuto le pareció eterno ante la avalancha de sonidos estridentes que Nieto describió "como si se viniera abajo la sierra".

El encargado del hotel asegura que eran las siete de la tarde cuando se encontraba realizando diversas tareas en el interior del bar del hotel que se encontraba cerrado al público cuando el estrépito le hizo refugiarse al abrigo de una columna del local. "No vi nada, pero algo me decía que no debía de salir y buscar una protección", aseguró. Cuando al cabo de pocos minutos cesó el ruido semejante, según el testigo similar al provocado por un avión supersónico -Nieto lo compara dada su experiencia militar en un portaeronaves-, pudo comprobar como al menos una veintena de árboles habían sido literalmente arrancados de cuajo y diversas macetas de gran tamaño habían sido volcadas y destruidas por el paso de lo que más tarde pudo conocer que había sido un tornado.

El hotel La Peña era en la mañana de ayer un retrato de lo que un tornado es capaz de originar. Al menos una treintena de árboles y plantas de gran tamaño que decoraban el jardín del hotel aparecían esparcidas y arrancadas de sus raíces. "Realmente fue algo increíble. Temí por mi vida porque no sabía qué era lo que estaba pasando", asegura el trabajador del hotel, que ayer conversaba junto al edil de Montes, Antonio Escribano e inspeccionaban sobre el terreno los daños.

La veintena de árboles, macetones destrozados y hamacas empotradas no eran los únicos daños del rastro de destrucción que a lo largo de unos seis o siete kilómetros iba a dejar el paso del tornado que avanzó rápidamente por la campiña, destrozando más arboleda y techumbres de algunas casas. Desde La Peña el tornado se dirigió hacia el cortijo El Mastral, donde se cebó con los eucaliptos que decoran su pasillo natural de entrada. Enormes ramas arrancadas de cuajo que cayeron en la zona de recreo infantil que estaba desocupada. Luego siguió avanzando hacia noreste en dirección hacia La Palmosilla, zona que rozó, para cebarse en el cortijo Los Ramos donde provocó el desprendimiento de varias chapas metálicas de la cubierta de almacenes que fueron lanzadas casi a un kilómetro de distancia.

A pesar de lo aparatoso del fenómeno climatológico, no hubo que lamentar desgracias personales, tan sólo el susto de algunas personas al que el tornado sorprendió. Alguna espantada del ganado y numerosos árboles destrozados en una jornada inusual en Tarifa, más acostumbrada a observar algún que otro tornado en mitad del Estrecho.

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