Para viajar por los márgenesSugerencias, al sur y al norte de Europa, un poco más allá de los destinos convencionales

1isla DEL GIGLIO (ITALIA)

Es imposible, en Italia, tener un sitio escondido. Pero esta pequeñísima isla consigue, al menos en las horas nocturnas, la tranquilidad que se le supone a un pueblo italiano de película. El principal atractivo de Isola del Giglio lo constituyen la serenidad de sus noches, el azul de sus dos maravillosas playas y la rara arquitectura del pueblo que alberga en su pico más alto el Giglio Castello, una gran fortaleza habitada frecuentemente rodeada de nubes. No tiene muchos hoteles Giglio, no puede tenerlos, y esa es otra de sus ventajas. Pero los existentes tienen la suficiente calidad, y su gente es lo bastante amable para resultar auténtica y elegante a la vez. Giglio Porto es poco más que un puertecito colorido y recogido y unas pocas calles a su trasera. El lungomare (paseo marítimo) no da para largas caminatas saludables, pero la isla tiene el tamaño adecuado y los rincones ideales para practicar el senderismo.

2VIS (CROACIA)

Cuenta Lawrence Durrell que hay una raza de humanos, tal vez descendiente de los míticos atlantes, que sufren de 'islomanía'. Son esas personas que, sin explicarse por qué, cuando llegan a una isla sienten que han arribado a su hogar. Si existe esa raza, no duden de que sus miembros serán felices en Vis, una isla croata frente a la antiquísima y romana Split. Que fuera durante décadas una isla totalmente militarizada ha contribuido sin duda a que Vis sea un rincón relativamente tranquilo. El centro histórico de la capital es un larguísimo frente marítimo dividido en dos núcleos, lleno de antiguas casas de piedra y campanarios, cerrado al tráfico y salpicado por numerosos recodos en los que uno se puede bañar en el Adriático.

3KATO ZAKROS (GRECIA)

La zona este de Creta es aún un refugio lejano de las aglomeraciones chillonas de su costa norte. Enclavado entre largas playas de arena o guijarros, alguien diría que escondido pero no, está Kato Zakros, que no es casi nada. Pero tiene una bahía de aguas claras y casi siempre calmadas, cinco excelentes tabernas de pescado y algunos pequeños apartamentos entre jardines, los emocionantes restos de uno de los cuatro grandes palacios minoicos de Creta a su espalda, olivos milenarios de aquellos mismos tiempos y un desfiladero conocido como Garganta de los Muertos para aquellos apasionados del senderismo. En los fines de semana de verano, su escasa capacidad se ve repleta. Pero en invierno sólo le quedan tres habitantes: Stella al cargo de su cosecha y sus apartamentos, su marido Ilias, y Stratis, el hijo de ambos. Pero en verano, ay, ahí nos espera su agua y los platos que prepara, por ejemplo, el dicharachero Cristóforo en su restaurante Nostos. Si van, no olviden saludarlos de nuestra parte.

4KOUFONISIA (GRECIA)

El secreto de Koufonisia, ahora al menos, sólo tiene una fecha: 15 de septiembre. A partir de mediados de ese mes, la isla, perteneciente al grupo conocido como Pequeñas Cícladas, sí es un paraíso. Nadie la puede librar del acoso en pleno verano. La isla de Koufonisia se puede cruzar andando en media hora y su capital, que tiene la playa como una de sus calles principales, en apenas cinco minutos. Los atardeceres con los islotes de Glaronisi y Kato Koufonisi en el horizonte son los más largos del mundo, y proyectan sin duda la gama más larga de colores entre el azul y el rojo que observarse pueda.

1DUNKELD (ESCOCIA)

Su nombre completo incluye también a Birnam -el del "cuando el gran bosque de Birnam se levante y ande", que se lee en Macbeth-. A hora y media de Edimburgo en tren, la zona debe el nombre de Big Tree Country no a algún antiguo bosque medieval, sino a la proverbial replantación que acometieron, durante generaciones, varios de los duques de Atholl. Olmos, castaños, robles y fresnos pueblan la parte baja del bosque, más cercana al río, mientras que coníferas de altura alucinante copan la ascensión. Un hermoso puente de piedra une las localidades de Dunkeld y Birnam y cruza el rápido caudal del río Tay, paraíso de salmones. Dunkeld es poco más de dos calles que se las arreglan para reunir varias tiendas de antigüedades, una cafetería de tartas pecaminosas -Spill the Beans- y un par de pubs -uno de ellos, con actuaciones de música folk-. Hay varios hoteles y B&B -a dos pasos se encuentra el más turístico Pitlochry-. Su joya absoluta es el imponente esqueleto de su catedral gótica, apropiadamente fantasmal, que saluda al río respaldada por una guardia de tejos. A primeros de otoño, las colinas se cubren de brezo.

2ACHILL ISLAND (IRLANDA)

Es difícil encontrar un rincón no muy baqueteado en Irlanda. Achill Island podría ser uno. A pesar de su nombre, no es una isla, no se sientan estafados: está unida a la costa por un cortísimo istmo. Eso sí, es remota: estamos en un extremo de Donegal, en la costa noroccidenal del país. Se habla en gaélico con normalidad. La noche es oscura en la tierra pero cuajada de estrellas, el único sonido es el del mar y el olor a la turba quemándose te alimenta. Las playas son blancas y solitarias. Hay un puñado de pubs en los que se puede escuchar música tradicional, a veces, improvisada. Es obligado visitar el asentamiento abandonado de Slievemore, con su extraña atmósfera.

3HAY-ON-WYE (GALES)

Muy conocida pero no muy visitada, fuera de las fechas de su famoso encuentro literario. Mercado secular -sigue siéndolo, con delicatessen locales, cada jueves-, Hay-on-Wye resucitó el día en que decidió apostar por los libros. Librerías independientes y de segunda mano han abierto la vía, también, a tiendas de curiosidades y anticuarios. El abrigo de libros que rodea sus murallas interiores, alrededor del castillo, es un enorme punto de recogida e intercambio de ejemplares.

4ELY (INGLATERRA)

Ciudad natal de Oliver Cromwell, la principal atracción de Ely es su maravillosa catedral de cuerpo románico y altas aspiraciones góticas, cuyo interior alberga una impresionante colección de vidrieras medievales. Conocida para el turismo inglés, no suele computar entre los visitantes extranjeros debido a la cercanía de otro destino inevitable: Cambridge. Con un casco urbano pequeño y trufado de jardines agradables, una de las sorpresas de la localidad es la librería Topping & Company: un rincón sugerente y acogedor, con inmejorables vistas a las agujas de la catedral.

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