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SEMANA SANTA

Mujeres bajo el costal

  • Algunas capitales cuentan con cuadrillas femeninas. Hay pueblos con formaciones mixtas, pero esta situación está lejos de generalizarse: en Sevilla y Córdoba ha habido polémicas por la incorporación de la mujer a esta tarea.

La primera vez que Sara Vergel salió a la calle bajo un paso en la Semana Santa de Huelva notó un intenso murmullo cuando el capataz gritó el nombre de una mujer. “Mucha gente no se dio cuenta de que la cuadrilla era sólo femenina. Cuando escuchaban ‘¡Estrella!’ o ‘¡María!’ se decían: ‘Pero este hombre, ¿qué está diciendo?”. Lleva ya seis años colocándose bajo el costal los Viernes Santo, pero ha tenido mala suerte. Por la lluvia, sólo una vez ha completado el recorrido, “y corriendo un poquito”.

No lleva cualquier cosa. Bajo sus hombros recae parte del peso del paso de la Urna, de la Hermandad del Santo Entierro. Es la cofradía oficial de Huelva. “Es un paso de los de verdad, y mucha gente pensaba que no íbamos a poder. Pero hemos predicado con el ejemplo y nos hemos ganado el respeto, incluso de los que están en contra”. Sara Vergel llega a decir que en ciertos aspectos, sin caer en generalizaciones, la mujer supera al hombre. “En resistencia a veces podemos más, aunque no vamos a hacer nunca la levantá como la hacen ellos”.

Rafi Vázquez, cordobesa, recuerda con emoción el día que vio y escuchó a través del respiradero a una saetera en silla de ruedas que pedía salud a la Virgen. “Antes de salir de costaleras, cuando todavía éramos candidatas, íbamos detrás del palio de Nuestra Señora de la Encarnación, como penitentes. Las horas se nos hacían interminables y sufríamos más que más tarde debajo del paso. Salir de costalera nos motivaba, era un gran estímulo”. Hace ya mucho de la primera vez; tanto, que se puede decir que Rafi Vázquez, ahora sólo “nazarena de luz”, es pionera en el movimiento costaleril femenino. En los primeros años 80, su hermandad, la del Amor tomaba prestados costaleros de otra cofradía. La situación es muy parecida a la que viven y han vivido hermandades de barrio de toda Andalucía, jóvenes y con presupuesto limitado. Un día, Rafi le dijo a su padre, Francisco Vázquez, a la sazón el hermano mayor: “¿Por qué no salen costaleras? Respuesta: “Me da igual que sean hombres o no. Si encuentras a gente, inténtalo”.

Dicho y hecho. “A la primera reunión sólo asistimos trece, y eso que se apuntaron sesenta”, afirma Rafi. En la Semana Santa de 1984 la cuadrilla femenina estaba preparada para estrenarse en un único tramo, pero los costaleros de prestado lo impidieron.“Votaron entre ellos y no nos dejaron, a pesar de que incluso lo pidió el hermano mayor”. El año siguiente fue el definitivo. Hicieron todo el recorrido, “y muchos no se esperaban ni que llegáramos al centro”. Las niñas de la Encarnación, como las bautizaron, fueron ese Domingo de Ramos la nota de color en el Telediario.

Carmen Barba, gaditana, no es costalera. Es cargadora, que es como se llama en Cádiz a quien toma el paso sólo con uno de los hombros, como en Málaga pero por dentro. “Dicen que si se soporta el peso con los dos es peor, porque el movimiento afecta al riñón, pero soportar 20 ó 30 kilos en un hombro tiene lo suyo”. Desde el Miércoles Santo del año pasado, Carmen contribuye a sostener el San Juan, primer paso de la Hermandad de la Luz y Agua de Cádiz. “Llevaba muchos años detrás de algo así, desde chiquitita. Siempre me he preguntado por qué sí podíamos ser nazarenas y no cargadoras. Una de mis penas, por ejemplo, es no poder llevar a mi Virgen, la de los Dolores del Nazareno”. Tiene tan asumido que la respuesta será no que ni lo ha intentado.

Carmen Barba no tiene pelos en la lengua. Agradece mucho al público su apoyo, y, sobre todo, esa ovación en la plaza del Palillero, la zona donde se sientan las autoridades y donde normalmente no aplauden a nadie. “Después del nacimiento de mi hijo, ha sido lo mejor que me ha pasado”. Pero critica a los cargadores profesionales, “a los que no les tira mucho llevar el santo, los figuritas que creían que las mujeres no íbamos a terminar el recorrido”.

Isabel, quien prefiere no decir su primer apellido, fue protagonista el año pasado de un cambio histórico en Sevilla en el mundo de las hermandades. Una cuadrilla de mujeres sacó a la calle el paso de Santa Teresa, en la procesión del Carmen, y al Niño Jesús de Praga. Ambas imágenes están en la Iglesia del Santo Ángel y pertenecen a hermandades de Gloria. En las de penitencia, las que procesionan en Semana Santa, todavía queda mucho para se vea un paso levantado por mujeres. Algunas han intentado colarse, pero eso es chocar con la tradición. Incluso, en casos excepcionales, lo han conseguido, pero en secreto, sólo con la complicidad del capataz y los compañeros.

Dos polémicas: en Sevilla, la Hermandad de Montesión destituyó hace unas semanas a su capataz, un cargo de libre designación, argumentando que había dejado ensayar a dos mujeres sin permiso de la Junta de Gobierno. En Córdoba, el Obispado impidió el año pasado a la Hermandad de los Dolores prescindir de dos costaleras cuya solicitud había sido admitida años atrás. La Iglesia, en sus diferentes diócesis, mantiene una postura clara: respeta la soberanía de las hermandades para decidir pero también favorece la incorporación plena de la mujer a la vida de las cofradías.

Tres son los argumentos de los detractores de la imagen de la mujer bajo las imágenes: la tradición, el físico y el roce con los hombres. Este último es el más rechazado por las interesadas: “Eso es una tontería increíble”, sentencia Isabel. El año pasado ella se mezcló con hombres en Villanueva del Río y en La Rinconada, en Sevilla. “Siempre hay bromas, pero mientras no se falte al respeto... Voy igual de a gusto que con las mujeres”. “Debajo de un paso no se piensa en esas cosas, ¿por qué no se habla de que los hombres se rozan con hombres? Sucede, y no pasa nada”, afirma por su lado Sara Vergel. Rafi Vázquez mantiene que, salvo en casos excepcionales, las cuadrillas no deben ser mixtas. “Yo soy cinturón negro de taekwondo, y en el deporte hay categorías de mujer y hombre. No quiere decir que sean ni mejores ni peores, son distintos. Las mujer, en la manera de andar, de llevar el paso, no es igual al hombre. Con decir que tenemos más caderas...”

A Sevilla llegan costaleros, voluntarios, de toda España. Hay más demanda que oferta, y eso resta posibilidades a la mujer. “No van a faltar en muchos años y no quiero esperar”. Por eso Isabel levanta pasos en los pueblos durante la Semana Santa. Sueña con el día en el que escuche desde el respiradero, en las calles de Sevilla, el murmullo del público tras un grito.

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