Cuentos terapéuticos

  • En los últimos años el cómic se ha convertido en una herramienta útil para que niños y adolescentes conozcan la realidad de enfermedades como el alzhéimer o se aproximen al mundo de los trasplantes.

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"Para los pacientes infantiles, un cuento es una manera excelente de informarse". Lo dice Luis Madero, onco-hematólogo del madrileño Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, a propósito de "Me van a hacer un trasplante", que sus propios autores describen como "cuento, guía, mini-libro... pensado, escrito y listo para contar por el equipo de Onco-Hematología y Trasplante Hematopoyético". Es, pues, el grupo multidisciplinar que atiende a esos chiquillos -personal médico, de enfermería, de trabajo social, auxiliares y especialistas en psicología-- el que, con la decisiva colaboración de la ilustradora Soledad Maestre, ha puesto vida y color al derecho a la información de sus pacientes tan especiales.

Porque también los niños y niñas tienen derecho a saber. Y no solo cuando son pacientes. La salud y la enfermedad, la prevención y las terapias, se mueven a su alrededor sin preguntarles la edad. Y por eso acaba de publicarse otro cómic, en este caso dirigido a pequeños y adolescentes, para ayudarles a conocer y entender ese mundo sociosanitario que les rodea. El título, Alzheimer: ¿qué tiene el abuelo?, ya anticipa el propósito explicativo de esta 'historieta' editada por Lundbeck y nacida de la experiencia médica de Mercè Boada, neuróloga y directora de la Fundació ACE - Instituto Catalán de Neurociencias Aplicadas.

En el primer caso, la presentación en el propio Hospital Niño Jesús de Me van a hacer un trasplante fue una particular celebración del Día del Cáncer Infantil celebrado esta semana, aunque Madero recordó que esa opción terapéutica también se aplica con eficacia para otras enfermedades pediátricas no oncológicas. El cuento va dirigido a chavales de tres a diez años que necesiten un trasplante de progenitores hematopoyéticos --sangre periférica, de cordón umbilical o de médula-, y su propósito es "disminuir la ansiedad, paliar el miedo a lo desconocido y dar seguridad". Así lo remarca la supervisora del servicio Pilar Herreros, que explica la iniciativa "porque creemos de verdad en la necesidad de ofrecer a nuestros pacientes una atención integral".

La idea surgió tras la buena acogida de una primera guía dirigida hace un par de años a las madres y padres de sus pacientes infantiles. Entonces como ahora, la idea clave es dar "apoyo a la información verbal que les ofrecemos todos los días", y hacerlo de forma "dosificada" para que pueda ser mejor entendida. Por eso la historieta ilustrada de 16 páginas arranca con un efusivo "¡Hola!" del equipo de "muchos profesionales, muy diferentes", con sus distintas tareas pero un solo objetivo: "Todos queremos lo mismo: cuidarte y curarte", y un compromiso informativo rotundo: "Si quieres saber más, no dudes en preguntarnos. Charlaremos tranquilamente de lo que tú quieras".

El relato va explicando después cada paso terapéutico, incluido el tratamiento con quimioterapia y sus efectos secundarios más o menos molestos. Se tranquiliza al niño en el caso de que las células sanas a trasplantar sean de alguien de la familia -"solo le sacarán las que tú necesitas"-, y se le adelanta que el trasplante "no duele" y "se hace en la habitación, acompañado de tus padres". El aislamiento temporal para evitar infecciones no le impedirá entretenerse en su habitación, donde además "¡pueden venir a verte!". Y el cuidado con su higiene y alimentación servirá para que la médula empiece a funcionar y acabar cuanto antes con todas esas restricciones. "Por fin... vuelves a casa", y entonces se trata de seguir la medicación, acudir a las revisiones y, por supuesto, "jugar y pasártelo muuuy bien" con la familia y amistades "en casa, en el parque, en el campo..."

Todo ello en lenguaje sencillo, rodeado de color y de naturaleza viva para captar la atención infantil y cautivar su corazón a golpe de sonrisas. "Lo que más me ha gustado es la sonrisa de los niños y de los padres", le confesaba uno de sus pequeños pacientes a Herreros. Y, como relatan las madres de otras dos, esa sintonía infantil acaba convirtiéndose en pasión docente. Una "se acordaba de lo que le hicieron hace un año, y se lo leyó a su hermano pequeño para explicárselo". La otra "ni se acordaba, porque era muy pequeña", pero no dejó de contárselo a su hermanita; para ella, "venir al hospital es casi una fiesta por la relación tan especial con todo el personal".

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