Amor y sacrificio

Azahar y alhelíes del Lunes Santo

  • Amor y Sacrificio estrenó Bandera Concepcionista y pasó delante del monumento al Rocío de la plaza Aladro

Se podría definir como el aroma del Lunes Santo el que desprende a su paso la Virgen de Amor y Sacrificio, delicioso sin más. Los nazarenos de la parroquia de Madre de Dios fueron puntuales y abrieron las puertas a las seis de la tarde para que el cortejo comenzara su discurrir. Con un lazo negro en su cruz de guía se quisieron sumar al luto que vive la ciudad estos días por el trágico suceso de San Telmo Viejo, secundando de esta manera la propuesta que ha hecho la Unión de Hermandades a las cofradías jerezanas. Estrenaron la Bandera Concepcionista, renovando así uno de los pocos atributos, sencillos pero elegantes, que porta esta hermandad de rigurosa penitencia en su cortejo. Para la realización del mismo se han recuperado unos bordados antiguos de una bandera jesuita de estilo rocalla o manierista, a juego con los bordados del guión de la cofradía. Esta delicada labor la ha llevado a cabo el artista jerezano Ildefonso Jiménez. Gabriel Mateos, que estrena mandato como hermano mayor, fue orgulloso porque repartieron un total de 360 papeletas de sitio, 58 más que el pasado año. Además ha sido el grupo de niños el que registró un crecimiento espectacular alcanzando la cifra de 74. Otra de las novedades fue el paso por delante del monumento dedicado a la Virgen del Rocío situado en plaza Aladro. Este cambio en el itinerario tiene un significado muy especial para los cofrades de Amor y Sacrificio, ya que la mayoría de ellos son también muy devotos de la patrona de Almonte y asisten a su peregrinación. El cortejo de nazarenos con túnica y capuz negro cerró la Carrera Oficial del Lunes Santo dejando ese buen sabor de boca de las hermandades de negro que con escrupuloso orden y silencio va dando público testimonio de fe. El rezo del rosario y los pequeños golpes de la horquilla en el suelo son los sonidos de esta cofradía caracterizada por la austeridad estética. También las saetas rompieron el silencio de la penitencia, especialmente de regreso por su barrio.

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