Devoción secular con sabor al Jerez de siempre

  • La lluvia sorprendió a la corporación en su templo antes de haber acabado su recorrido

Sabor al Jerez profundo, devoción secular y un crucificado sin portentos físicos pero con la fortaleza que le proporciona una estética que rompe las barreras del tiempo y trae al presente la verdad serena de cómo entender y comprender la Pasión de Cristo. El crucificado de la Viga fue el hito ancestral del Lunes Santo, que sobre rigurosa madera oscura y con los pies rozando los cardos blancos que reposan en lo más alto del monte, volvió ayer a sobrecoger y llamar a la devoción y la piedad de todo el que lo contempló a su paso.

La hermandad que sale de la Catedral no cambia un ápice de la herencia legada por sus mayores; de cómo hay que transmitir la devoción al crucificado de la Viga, al 'gótico doliente' como lo llamó el pregonero. Esa serenidad volvió a golpear ayer los sentidos con la fuerza que transmite esta imagen sobre su severo paso cuyos faldones relucían este año más que nunca y con un cada año más amplio cortejo de elegantes nazarenos con, tal vez, la túnica más bonita, de negro y cardenalicio. Este año la hermandad ha tenido una pérdida notable.

El bueno de Juan Román, quien fue hermano mayor y alma de la resurrección de la cofradía, ya está junto al Padre tras haber dejado una profunda huella en la corporación junta un entusiasta grupo de veteranos 'vigueros' que fueron capaces de relanzar y garantizar el futuro de la corporación, motivo por el que el luto fue evidente en la hermandad. Esos frutos son algo que hoy en día se ve y se palpa con el empuje de la gente que ahora lleva las riendas de la hermandad, gente joven y con ganas de hacer cosas y sobre todo de afianzar la identidad de la cofradía. Aún pervive el hito de las celebraciones dedicadas a la Virgen del Socorro, que gracias a ellas redescubrimos la verdad que encierra esta advocación y que en la práctica sirve para que el deleite ante su palio sea mayor si cabe pero con la profundidad que da el conocimiento de un rico y ancestral pasado.

Esa identidad que tanto se trabaja también tiene su reflejo en la estética como el arreglo floral del palio, elegante y exquisito, en la selección musical en la que impera la composición jerezana y fúnebre; en el estilo de procesionar y en mantener otras costumbres como la recogida bajo los humos purpúreos de las bengalas por el reducto.

Ayer el Lunes Santo volvió a alcanzar un punto de sublimación especial y diferente, el que concede el Cristo de la Viga y la Virgen del Socorro, que desde la Catedral fue esparciendo aromas solemnes de hermandad joven pero con una devociones que superan las barreras del tiempo presente, pasado y futuro. Por la noche, ya con la lluvia como amenaza, la junta de gobierno decidía al cierre de esta edición si salía de nuevo para recogerse entre bengalas, algo que contaba con el beneplácito de los hermanos.

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