La Candelaria

Ejemplo de cofradía de barrio

  • El cielo permitió que la Candelaria y el Señor de las Misericoridas se encontraran de nuevo con su gente

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Será en verano, en Madrid y durante las Jornadas Mundiales de la Juventud, presididas por el Papa Benedicto XVI, cuando el Señor de las Misericordias lleve un trozo de Jerez y de la Plata a la capital de España.  Hasta que llegue ese histórico momento todavía quedan algunos meses. Ayer, de momento, la hermandad dio un gran ejemplo de saber estar en la calle y eso que la jornada del Lunes Santo comenzó con miradas al cielo. Los partes meteorológicos ya hablaban de inestabilidad a partir de esta jornada y lo cierto es que los chubascos hicieron acto de presencia durante buena parte de la mañana.

Afortunadamente, los partes anunciaban una leve mejoría a partir de las dos de la tarde que seguiría ampliándose a partir de las cinco, lo que favoreció que la hermandad decidiera echarse a las calles.

Como siempre, un rato antes de las cinco y veinticinco minutos, hora en la que la Cruz de Guía debía plantarse en la calle, la plaza de la Constitución ya estaba repleta. Se abren las puertas de Santa Ana y el gentío recibe a la plateada cruz con un sonoro aplauso que además, recibía un chorreón de sol como bienvenida.

Largas filas de nazarenos blanquivioletas comienzan a inundar las calles. Arriba, desde una posición privilegiada, nada menos que desde la azotea de la casa de hermandad, los costaleros del paso de palio, esos que en unos minutos se meterán bajo las trabajaderas, no se quieren perder la salida del Señor de las Misericordias.

Salen los ciriales que acompañan al misterio. Domingo Gil, el capataz, dedica unas bonitas palabras a sus hombres antes de dar la última levantá dentro del templo.

Aplausos y piropos para el Señor de la Plata en su salida a los sones de la Marcha Real interpretada por la Agrupación de la Sentencia, que volvió a dar muestras ayer de la gran calidad musical que atesora.

Y detrás, María Señora de la Candelaria, bajo su coqueto palio y a los sones de la sevillana Banda Municipal del Arahal, que se plantó en la calle bajo una lluvia de pétalos, y que volvió a arrastrar a un barrio que no quiso dejarla sola en su camino hasta el centro.

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