la clemencia

Esperanza cumplida, Señora

  • La hermandad de San Benito puso en la calle un gran palio para Salud y Esperanza

A las cuatro de la tarde estaba prevista la apertura de la puerta por donde cada año sale la Clemencia a las calles de su barrio. Era el momento cumbre para estos cofrades de San Benito. Por fin lograban el viejo sueño de llevar a su Madre de Salud y Esperanza hasta la Santa Iglesia Catedral. La cruz de guía de la cofradía avanzaba ya por avenidas que esta hermandad ha logrado adornarlas con un cierto sabor cofradiero. Marañón, Arruga, Fleming… Un cortejo que estaba compuesto por unos doscientos cincuenta hermanos con el corazón palpitante. Ya no faltaba nadie en la familia de la Clemencia cuando se llegara al corazón de la ciudad.

Los tramos de nazarenos blancos y cirios al cuadril fueron evolucionando cuando el Señor asomó el frontal del paso a la tarde jerezana, y la agrupación musical de la cofradía, que estrenaba nuevo estandarte, atacó con la marcha real para que los hombres de Biezma sacaran al Rey de Reyes. Traicionado por Judas con un beso. Su mirada estaba cargada de amor, a pesar verse vendido por uno de los suyos.

Por primera vez en su historia, tras el Señor, iban los tramos de nazarenos del palio

El paso de misterio iba magníficamente exornado por rosas rojas y astilbe. Poco a poco, como sólo esta cuadrilla de corazones saben andarle cuando de una 'revirá' de ensueño se trata, para comenzar a andar ya por las avenidas de San Benito buscando las puertas de la ciudad.

Una vez avanzado el portentoso misterio de la Clemencia nadie se movió de su sitio. La cofradía se había multiplicado y, por primera vez en su historia, comenzaban a salir los tramos de nazarenos del cortejo del palio. La cofradía, también este año, ha preparado todo de lujo y han sido cuatro ciriales nuevos, naveta e incensarios, para su Señora; y un juego de dalmáticas nuevo para los acólitos en ambos pasos. Brillaban esos ciriales y las miradas estaban absortas cuando, por fin, el frontal del paso de palio asomó a las puertas del salón de pasos. El milagro se estaba consumando. Muchos años de esfuerzo. Muchos sueños que se veían cumplidos con esta estampa. Apareció un palio rojo maravilloso junto a un manto verde esperanza. Salud y Esperanza, la preciosa advocación de la Madre de los hermanos de la Clemencia. Qué más se puede pedir que salud y siempre la esperanza puesta.

Salió con categoría este estreno de la Semana Santa jerezana que pasa por ser el más importante de todos. Exornado el joyero de la guapa Señora con un conjunto perfectamente diseñado por rosas y rosas de pitiminí junto con astilbe, orquídeas e iris blanco. Magnífico complemento para tan bella obra de arquitectura. Manto, bambalinas, faldones y respiraderos. Candelabros, peana, varales y maniguetas. Todo a estrenar para ver cumplido el sueño de un barrio.

La Virgen, más bella que nunca al verse junto a sus hijos en la tarde del Martes Santo, estuvo acompañada por la magnífica banda portuense de Maestro Dueñas. Y Jerez pudo comprobar durante toda la jornada que los sueños son posibles.

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