En el pecado va la penitencia

Festival del cardado

  • Es imposible olvidar a Isabelita Perón, Farrah Fawcet, El Puma, C. C. Catch o Isabel Tenaille

A Isabel Romero Bejarano, presidenta del Gremio de Cardadores de la Baja Andalucía.

ESE pelo no es suyo, yo creo que debajo lleva guata.

-¡Que va, que va! Se ve que tiene buen pelo.

-¡Eso no te lo crees ni tú! Con la edad que tiene, si es un loro. Esa tiene más años que los balcones de palo. Seguro que está medio calva. Llevará ahí debajo borra, como los colchones

-Niña, que no, que el pelo es suyo, si acaso un poquito de laca.

-¿Un poquito? Esa ha dejado hoy vacío el estante del Mercadona...

El sopor del palco es el caldo de cultivo ideal para que surjan conversaciones como ésta cuyo blanco suele ser la vecina de enfrente. De hecho, la crítica despiadada del peinado ajeno es uno de los síntomas más claros del Festival del Cardado, evento jamás declarado que tiene sus días grandes el Jueves y Viernes Santo. Porque no me negarán que un buen cardado sobre la cabeza de una señora mayor es algo tan típico en nuestra Semana Santa como el incienso o las torrijas.

En un reciente estudio publicado por investigadores de la Fundación Paul Getty (de Malibú, California) se afirma que el cardado en nuestra ciudad empezó siendo una imitación de lo que se podía ver en la tele durante los bizarros setenta y los horribles ochenta. Es difícil olvidar a Isabelita Perón, Pitita Ridruejo, Farrah Fawcet, El Puma, C.C. Catch o Isabel Tenaille, quienes asombraron al mundo con sus peinados imposibles. El impacto que su estética causó en la sociedad jerezana fue tal, que no sólo se adoptó de inmediato, sino que dejó de ser una moda para convertirse en una seña de identidad equiparable al ajo caliente. Aunque no es raro observarlo a lo largo del año por las calles de mi viejo Jerez, la apoteosis llega en estos días en una suerte de Cardado Parade que se celebra a lo largo de la Carrera Oficial.

Los estudiosos de la Getty afirman que hay una serie de patrones invariables en el cardado jerezano, fenómeno que consideran endémico de nuestra ciudad. Uno de ellos es la proporción. El cardado canónico debe guardar una proporción sesquiáltera, es decir, subir un tercio de la altura total de la señora, con lo que si la poseedora del peinado es un poco alta, puede impedirnos ver el paso de las procesiones. Otro punto a tener en cuenta es el color, que en ningún momento puede ser natural. Verán ustedes negros más puros que el azabache, rubios fuego o morados teletubbie engalanando los palcos, dándoles un toque de alegría a la sosa arquitectura efímera que cada año monta el Ayuntamiento.

Por último está la resistencia al aire, ya que un buen cardado ha de resistir vientos de hasta once grados en la escala Beaufort (temporal fuerte) debido a la incidencia del levante en la comarca. Eso sí, la gran enemiga del cardado es la lluvia. Es un espectáculo grotesco ver a las señoras corriendo con el cardado arruinado en busca de algo con lo que ocultar su vergüenza.

Respecto a la elaboración de un óptimo cardado, expertos de la Universidad Politécnica de Valencia opinan que es un asunto que escapa al ámbito del salón de belleza para adentrarse en el de la ingeniería. Levantar esas moles (algunas del tamaño del peñón de Gibraltar) debe ser tarea complicada para las peluqueras, que a buen seguro conocen los rudimentos del cálculo de estructuras. Con todo, las profesionales consultadas afirman que el efecto se consigue sólo con laca y un peine de cardar, sin que en el proceso intervenga ningún tipo de cemento, ni lantánidos, ni actínidos ni ningúna clase de producto derivado de la fusión del núcleo. Queda con esto desmentida la leyenda urbana que afirma que los reflejos violetas del pelo de algunas señoras mayores es un efecto de la radiación. En cuando a la presencia de rellenos (y aunque nos parezca increíble) los científicos de la NASA diseccionaron 300 cardados durante la Semana Santa de 2008, sin encontrar restos de porexpán, miraguano, serrín o viruta.

Como ven, un verdadero arte que tenemos el lujo de disfrutar en nuestras calles. Sin embargo, hasta el momento (que sepamos) ninguna hermandad ha organizado actividades para la defensa y difusión de algo tan nuestro y tan representativo de la Semana de Pasión. Desde esta humilde atalaya propongo la elaboración anual de un cartel (patrocinado por Wella Balsam), la Exaltación Poética del Cardado, o la celebración del certamen Guapa con Laca, que a buen seguro hará las delicias de niños y mayores.

En espera de que alguna de estas ideas tenga eco en los mentideros cofrades, me lanzaré pasear durante estos días por la Rotonda de los Casinos admirando esos soberbios cardados que rivalizan en altura con los capirotes de los penitentes.

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