En recuerdo de José Llamas de los Ríos, patriarca de un linaje de encendedores

José Llamas de los Ríos. José Llamas de los Ríos.

José Llamas de los Ríos.

La ciencia de encender la caña, como muchos llaman al arte de prender la candelería, la ha mantenido viva durante años José Llamas de los Ríos, que el pasado 31 de marzode fallecía en Jerez a los 76 años. Durante más de cuarenta años fue un habitual en el cortejo de diferentes cofradías de la ciudad, convirtiéndose en una pieza clave de nuestra Semana Santa. Ese amor y dedicación por lo que hacía lo transmitió a sus hijo Pepe, Juan y Paco y a muchos de sus nietos, que hoy día mantienen viva la tradición de los Llamas.

Desde 1963, año en el que salió por primera vez con la Hermandad de las Tres Caídas, no faltó un solo año en la Semana Santa jerezana, donde se encargó de poner luz con el método de la caña y el pabilo a dolorosas como Nuestra Señora de la Candelaria, la Virgen del Trapaso, la Estrella, la Virgen de la O, la Virgen de la Encarnación, el Mayor Dolor, Nuestra Señora de La paz en su Mayor Aflicción, el Desconsuelo, los Remedios, Desamparo, Amargura, la Virgen del Valle, y su admirada y querida Nuestra Señora del Dulce Nombre.

En una entrevista publicada en este Diario en 2003, José recordaba que "empecé de dalmática, y ya de muchacho comencé a coger una caña para encender. Luego, lo he ido enseñando a mis hijos", destacaba.

Su pasión por esta afición le hacía preparar su propio material año tras año, y de hecho "se inventó una manera de enlazar las cañas para no entorpecer el paso de la gente mientras trabajaba. Lo tenía todo muy pensado, e incluso varias semanas antes de Semana Santa ya tenía todo el material preparado", recuerda su hijo Ricardo.

Su repentino fallecimiento ha cogido por sorpresa a muchas hermandades que a lo largo de esta semana y la pasada han mostrado su pesar a la familia, un síntoma más que demuestra el respeto y cariño que muchas cofradías de la ciudad profesaban a José Llamas. Es más, muchas de ellas han lucido y lucirán un crespón negro en sus varales como señal de luto por el añorado encendedor. Además, muchos de los encendedores y pertigueros que estos días acompañan a las diferentes cofrafías portan un brazalete negro como muestra de duelo.

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