Salgan o no salgan

¿Quién podrá taponar el caudal de llanto de la Virgen de las Lágrimas..?

El fraile de la capucha se cubre o se descubre la cabeza según los chaparrones arrecian o desaparecen, pero la Esperanza verdea sobre nuestros deseos como los helechos al pie de la Vera Cruz.

En el Carmelitano Paso de la Lanzada el agua que envía el cielo puede mezclarse con la Sangre de Cristo. Originariamente eso fue lo que ocurrió sobre el Monte Calvario. Del Corazón de Jesús manaron a la vez Sangre y Agua. Lo dice San Juan el de los Caballeros. Y en la iglesia se manifiesta el milagro de que la Virgen del Carmen inunde de Gracia y Esperanza el corazón de sus hijos.

La lluvia en el Huerto de los Olivos, donde tanto suele llover, no va a interrumpir la Oración de Cristo sostenida por un hermoso Angel, y María de la Confortación acogerá o se despedirá de sus fieles según nos indique el fraile.

No hay mayor dolor para un cofrade que no encontrar Mayor Dolor en la calle. La Dolorosa de San Dionisio divide en dos tablas los corazones cofradieros y la Semana Santa Jerezana. El Ecce Homo soporta tanto el dolor de la Sentencia como las gotas de lluvia que pueden aliviarle todo lo que lleva sufrido desde el pasado Domingo de Ramos.

La Madrugá, siempre santa y desvelada, puede ser lluviosa pero sea como sea, siempre trasminará a un Jerez antiguo y religioso.

El Silencio abraza a todo el barrio de San Miguel sobre las dos de la madrugada… Dos golpes sonarán en las puertas del templo. Uno de esos golpes suena lleno de esperanza. El otro golpe lo da la imprevisión. La Virgen de la Encarnación los escuchará entre salida y via-crucis.

Las cinco llagas que se le abren a este artículo escrito el Jueves Santo, chorrean inquietudes cofradieras, mientras una Esperanza de verde y rojo otea en la noche santa.

Los faroles de Nuestro Padre Jesús Nazareno sienten cómo se les eriza el pabilo. Me acaricia la memoria el recuerdo de aquella flamenca que, por enfermedad, faltó tres años a la cita con su Jesús, y cuando volvió a verlo de nuevo, lloró a lágrimas vivas porque decía que lo veía más delgadito…

Marquillo es testigo de este hecho. Y la Virgen del Traspaso, llena de agonías los ojos de Juanillo.

La Buena Muerte cubrirá de silencios los adoquines aún mojados. Y María del Dulce Nombre seguirá siendo un tocino de cielo, salga o no salga a la calle.

La Yedra, la Esperanza de la Plazuela, escuchará la Sentencia entre tambores o entre salves entrecortadas. Depende de lo que señale el fraile…

Es de esperar, desde estas nubes, que el Viernes Santo triste y nostálgico sienta en su esqueleto de varales que está siendo, desde la lluvia o el sol, la Exaltación de Su Hijo. Es una dolorosa exaltación la que la Virgen sufre desde las Viñas a la Catedral bajo su título de Concepción Coronada.

La Virgen de Loreto, que en San Pedro tiene un trono de plata y una cruz redentora, parecerá más joven, como cada año, y en este en que estamos no habrá quien le robe esa pena honda que la hace ser cada día más bonita.

El Cristo de la Expiración, Señor del Jerez Moreno, extenderá aún más sus brazos a las cuatro y media de la tarde para que los envites del viento alboroten su negro pelo ante la Flamenca del Manto Rojo. Juanillo, entre la Madre y el Hijo, señala hacia la Victoria mientras la Virgen del Valle piensa en su Coronación Canónica.

Toda la Porvera trasmina a Soledad, acariciando ese clavo que aún huele a Cristo Descendido.

Y el Santo Entierro de Cristo y la "piadá" jerezana llenan de flamenquismo a la Piedad y a las Tres Marías que cosen sin descanso donde el Tempul se hace capilla.

El Resucitado de entre los muertos aumente esta fe que parecía en declive y cada año va en aumento.

Permitidme que me despida de vosotros con un soneto a la Virgen de mis amores, que me está acariciando el corazón:

Tu Soledad, Señora, no va sola

cuando caminas hacia la Porvera

con esa dulce pena en

primavera

mojada en triste sangre

de amapola.

Sola no vas. Te inunda la

aureola

que alza el amor contigo y

a tu vera.

Que este Jerez te ama y te

venera

como desea el mar la caracola.

Emperatriz del Llanto

Silencioso…

No hay en el mundo nada más hermoso

que verte ir camino de tu casa.

El corazón tu Paso me traspasa,

y el Viernes Santo que

por dentro llevo,

se asoma a verte, y luego

me lo bebo…

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