Los Judíos

San Mateo supo otra vez a cofradía

  • El Desconsuelo fue fiel a sus formas poniendo en la calle el cortejo más amplio, más de 700 nazarenos

La Semana Santa tiene entre sus virtudes poner en valor espacios del Jerez añejo que con toda probabilidad muchos no pisan durante el resto del año, especialmente las zonas más antiguas como la de San Mateo que ayer rebosó vitalidad gracias a Los Judíos que renovó su tradición cofrade muchas veces centenaria. Como cada Martes Santo y desde muchos minutos antes de las cinco el público fue llenando la plaza para vivir los primeros momentos de una de las salidas con más sabor a Jerez y con más clasicismo cofrade. Esta hermandad llevó algo más de 700 nazarenos. Uno de ellos un hermano del Perdón de Arcos que fue en la presidencia al haber sido su cofradía la que revendió el antiguo paso de Las Penas a la hermandad. Los Judíos dejó salir a la hora lorquiana la cruz de guía y tras ella se oyó el inquieto tintineo de las campanillas de los 'pavitos', los más pequeños. Poner en la calle los dos grandiosos pasos de la hermandad es siempre un reto costalero difícil que requiere un esfuerzo especial para salvar las dos puertas, la interior y la exterior. Ayer se repitieron las precisas maniobras, los 'a tierra' y los 'poco a poco', voces de capataz que resonaron con fuerza para que se oyera en toda la plaza. El Señor de las Penas, sobre un montículo de flores, se puso a la vista de todos enseñando su martirio tallado sobre maderas que resuman sangre y dolor. Es Los judíos, enorme en belleza y plástica iconográfica. Si complicado es sacar el misterio, más aún los es poner en la calle el palio del Desconsuelo. Del mismo modo de todos los años, la pericia costalera y el mando firme del capataz hicieron posible salvar las dificultades para dejarnos la belleza de ver el palio enmarcado en la puerta de San Mateo. En el cancel sonó la parte de flauta de Rocío, la música de Vidrié que fue un año más el preámbulo al paseo que de dieron a la Señora. Una novedad para esta hermandad fue la banda del palio, Virgen del Castillo de Lebrija que sonó muy bien. Saetas a la salida de Las Penas y del Desconsuelo y, sobre todo, la acostumbrada muchedumbre saludando la salida de uno de los más bellos y armoniosos palios del mundo porque si Rodríguez Ojeda fue el mejor de todas las épocas y el de la dolorosa de San Mateo fue una de sus obras cumbres, no exageramos con esta afirmación. Por entre el gentío avanzó la hermandad buscando esas otras callejas que saben a pura historia para fundirse con ellas y en perfecta sintonía retrataron los momentos donde la estética cofrade de une al entorno para crear uno de los signos inequívocos de la Semana Santa de aquí.

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