San Materno de Colonia

San Pedro, conocedor de la bondad y virtudes de Materno, pues este era el nombre del joven de Naím, le encargó predicar en el valle del Rin, donde cometió la torpeza de derribar templos e ídolos paganos en lugar de cristianizarlos. Los muy civilizados romanos de Tréveris y Colonia no entendían aquel afán destructivo, un delito común, y lo mataron unos muchachos a pedradas. Los discípulos de Materno viajaron a Roma para dar la mala noticia al Papa, que todavía era san Pedro, y éste, según su costumbre, les entregó un báculo. De vuelta al valle del Rin, exhumaron el cadáver de Materno para introducir en el sepulcro el báculo, pero al contacto con éste Materno resucitó por segunda vez. Su evangelización fue distinta entonces. Con persuasión y paciencia consiguió muchas conversiones. A su tercera y definitiva muerte había fundado las diócesis de Tongres, Tréveris y Colonia y fue el primer obispo de esta última.

Hasta aquí el san Materno legendario. El verdadero debió vivir entre los siglos III y IV, pues se sabe que fue encargado por el emperador Constantino de combatir a los herejes donatistas y que participó en sínodos de las Galias. No mucho más. Su fiesta se celebra el 14 de septiembre y es patrón de varias ciudades de la zona en la que evangelizó, entre ellas de Colonia y Estrasburgo. Se le representa con tres mitras, una en la cabeza y las otras en los hombres, para simbolizar sus tres fundaciones episcopales, o bien con una iglesia de tres torres o un cáliz con tres hostias. Está representado en las vidrieras de la capilla de los Reyes Magos en la catedral de Colonia. Es patrón de los viticultores y se le tiene por el descubridor del famoso vino blanco del Rin. Aboga contra las fiebres y, por su experiencia en muertes y resurrecciones, se le invoca para un bien morir y para que nos libre de las penas eternas. De lo que vio en el Más Allá en sus dos primeras muertes no dejó dicho nada.

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