El arte de vestir a la Virgen (II)

JUAN Manuel Rodríguez Ojeda será una persona determinante en este arte, introduciendo innovaciones que revolucionarían el arte efímero de vestir las imágenes marianas: tocados vaporosos de encajes elaborados con blondas y mantillas, polleros de hierro para sostener los mantos dándoles forma desde la cabeza hasta la cola y ajustando las sayas para dotar a la imagen de una forma más femenina.  

Podríamos traer a colación los estudios del profesor Palomero Páramo y tantas y tantas publicaciones, mesas redondas, coloquios y conferencias. No hay hermandad que se precie, que en los últimos tiempos no haya contado entre sus actos culturales con un cartel en el que se publicitara un acto que tuviera como referencia el arte de vestir a la Virgen. 

Mucho se ha hablado también en los foros de internet sobre lo bien o mal que están vestidas según las opiniones de cada uno de los foreros con más o menos acierto y rigor. Y quizás, esto último y la aparición de las cámaras digitales hayan provocado la revolución más grande que ha habido en este "mundillo" de los alfileres, los encajes y las telas; una revolución más rápida y grande, que la que provocó la intervención de Juan Manuel Rodríguez Ojeda en la Semana Santa. 

Y es que ha pasado de ser un tema que no interesaba prácticamente a nadie, a tener una relevancia tal en los ambientes cofrades, que todo el mundo sabe o cree entender de vestir o de cómo se debe vestir. 

Todo tiene su lado positivo y a la par el negativo. La difusión casi instantánea en los medios y en las redes sociales de cómo están vestidas las imágenes ha hecho que en muchos casos se haya evolucionado y para mejor en el aspecto que presentan las vírgenes en los altares de diario y también cuando son vestidas para los cultos y procesiones. 

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