El gran silencio de la calle Nueva

Para la hermandad de La Buena Muerte la de este año será la tercera salida desde la sede de su casa de hermandad, en el número 5 de la calle Nueva. En este tiempo se han ido acostumbrado a esta nueva forma de abordar la estación de penitencia y se han ido adaptando a hacer los preparativos con un espacio más reducido, en lugar de la iglesia de Santiago, desde donde salía hasta su cierre. "Nosotros queremos volver allí y en Santiago no se para, aunque las obras son lentas y cuestan mucho dinero. Lo importante es que el proyecto siga adelante", comenta el mayordomo de esta hermandad, Antonio González Martínez. El hermano mayor, Jaime Núñez Reina, va mucho más allá y dice que "esta cofradía es del barrio y queremos volver a la iglesia y seguir aquí. Sería un error lo contrario, porque perdería la identidad". La cofradía es la única de las ocho de este barrio flamenco de la ciudad en ser de rigurosa penitencia y así lo ha sido desde hace desde sus comienzos.

Sus inicios han sido muy humildes, de gente trabajadora del sector de la construcción, carpinteros y gente que trabajaba en el sector bodeguero. "Gente que ha hecho cosas con sus propias manos porque no había dinero y la hermandad no ha tenido mecenas", comenta el teniente de hermano mayor, José Vicente Montoro.

La sala que sirve de capilla en la casa de hermandad es donde ahora se encuentran los pasos de los dos titulares montados, el Cristo de la Buena Muerte y la Virgen del Dulce Nombre, a los que ahora se les está dando culto en La Victoria, que actúa como parroquia tras el cierre de Santiago . Los pasos, tanto el misterio como el palio, se guardan el resto del año en un local. Todo está medido a la hora de maniobrar, de hecho, el único arreglo que se ha realizado en la casa hermandad para estos momentos es sólo una trampilla que ayuda a montar el Cristo. Los pasos tienen un soporte de ruedas que ayudan a moverlos entre pocos en la capilla para trabajar, tanto en limpieza como un detalle que quede o para poner las flores.

El cortejo sale de la basílica de La Merced, ésa es la única variación que tiene con respecto a otros años. Se organiza de la misma manera que en Santiago, donde se procura un clima de silencio y oración, ese silencio por el que discurren por las calles de la ciudad en la Madrugada. Los hermanos sólo podrán ver a sus titulares durante un momento al pasar por delante de la sede de calle Nueva. Ése es el único momento en el que se permite que los nazarenos que componen el cortejo puedan girar la cabeza. Otra variación se produce en la entrada del Cristo, que se despide mirando a la feligresía, en lugar de cara al templo, como lo ha hecho siempre. Según comentan los hermanos, eso el primer año llamó mucho la atención, porque no se había hecho nunca, aunque ahora parece que ya se han acostumbrado.

La hermandad tiene sus señas de identidad bien definidas, aspiran a bordar en plata el manto del Dulce Nombre y recuperar su techo original, también en plata.

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