Días de arte

Una historia sin tiempo ni edad

VAMOS a cambiar el sesgo de nuestros comentarios semanasanteros y a centrarnos en la realidad suprema que cada Madrugada ocurre en la capilla de San Juan de Letrán, cuando la Madre y Señora del Traspaso, con el Guía perpetuo de la noche de Jerez y el Apóstol amado se encuentran dispuestos para ser recibidos, como indica su atemporal calendario, por un pueblo que va escribiendo su imperecedera historia.

La hermandad de Jesús Nazareno es una realidad, gracias a Dios, a contracorriente. Su trascendencia está fuera de cánones interesados y modas impostadas. Es Jerez marcando rutas devocionales únicas. Nadie lo puede poner en duda. Los que lo hagan serán miopes y burdos transmisores de la nada. Cuanto existe en la capilla del viejo Llano de San Sebastián - mi querido Pepe Castaño me mostró, como ha hecho con tantas otras cosas de esta Hermandad, el antiguo nombre de la zona -, es diferente, único e intransferible. Lo demás, acontecimientos de una realidad nueva que, desde Cristina, se otea desde la atalaya informe del tiempo.

Esta noche es el 'día' grande de la Hermandad de Jesús, la víspera ilusionante de una noche que será, como a lo largo de los siglos, trascendente, única y verdadera. Hoy es la toma de conciencia de un Jerez que se hace más pueblo a la vera de Jesús Nazareno. Aquí la gente es consciente de que forma parte de la historia viva de la gente de una ciudad nueva que es Jerez, pero que está sustentada en un pretérito lleno de fortaleza y emoción; un pretérito en el que la Hermandad de Jesús Nazareno ha estado siempre presente, con casi las mismas formas y con idénticos elementos de una iconografía que estos verdaderos nazarenos de Jerez, conservan, alimentan y hacen trascender.

Esta mañana, la historia va a revivir su nuevo tiempo de eternidad. Los hermanos nuevos van a recibir el legado importante de la historia de sus mayores; van a ser nuevos nazarenos de Jerez. Los viejos acumularán su trascendente ilusión, sin los complejos que imponen las modas interesadas. Y hoy, un volcán nazareno, llegado de tierras astures y atrapado para siempre en la suprema fe nazarena, renovará su voto de veinticinco años llevando sobre sus hombros el poder absoluto que impone esa fuerza viva que habita en el viejo Llano de San Sebastián. El hijo, nazareno y nuevo cargador de San Juan, será el testigo fiel que sentencie para la historia tan importante acto. Junto a ellos y muy cerca de ellos, otro nuevo cargador de San Juan, con sangre transmitida desde otras latitudes nazarenas, asumirá el valioso testamento que, un día, su abuelo quiso para él y que, desde esta noche y para siempre, formara parte de su vida.

En San Juan de Letrán, allí donde el viejo Llano de San Sebastián acogía el tributo devocional del pueblo, con un expresivo Jesús marcando los preclaros caminos de la historia de este Jerez sin fronteras, se repite el anual testimonio de un pueblo marcando claramente sus parámetros emocionales. Cualquier parecido con lo demás es ilusión óptica y desvirtuada. Casi todos - la excepción se volverá a confirmar la tarde del Viernes Santo cuando un Cristo expirante pare los pulsos a una ciudad desde su imponente triunfo de poder - han escrito una historia de parecidas particularidades.

En la capilla de San Juan de Letrán las formas se han transmitido sin alteraciones, acertadamente conformadas y sabiamente dispuestas desde las coordenadas de un tiempo que fue, es y será. Un tiempo de pueblo con el pueblo, marcado desde la esencia más pura, desde la sublime realidad que, cada Madrugada Santa, anuncia a Jerez la eterna potestad de una historia escrita con la tinta indeleble de una verdad que llega tras la guía de aquel viejo sayón que marca un camino, también, sin fronteras, sin tiempo ni edad.

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