Domingo de Resurrección

La lluvia impide salir al Resucitado

  • El Cristo alcanza la Ermita en menos de una hora y cierra así la prolongación del Viernes Santo

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En unos 45 minutos la hermandad del Cristo de la Expiración llevaba a cabo el traslado de sus imágenes titulares a la Ermita de San Telmo desde San Miguel. Como quedó establecido el Viernes Santo, esta cofradía citó a sus hermanos a este regreso a las cinco de la tarde de ayer, tras refugiarse en este templo a causa de la lluvia. Pese al mal tiempo, pudo culminar de forma muy rápida la vuelta a su sede canónica. Antes, por la mañana, la otra cita del día, la procesión del Resucitado, quedó suspendida por el riesgo de precipitaciones. Sólo se llevó a cabo el traslado de la imagen en su paso desde la nave lateral, en la que se encontraba dispuesto para la salida, hasta un lateral del altar mayor, mientras que desde el exterior la agrupación de San Juan interpretaba un par de marchas para acompañar esos minutos. Así se cumplió con la preceptiva procesión del Resucitado que establece la liturgia del día. 

Posteriormente, se inició la pontifical de la Pascua de Resurrección que ofició monseñor José Mazuelos, celebración que contó con la participación del coro y orquesta de la Catedral. 

La siguiente cita del día, esta extraordinaria, fue en San Miguel donde se volvió a poner de manifiesto el poder de convocatoria del Cristo. La plaza de León XIII estaba llena de público, al igual que las calles Barja, Cruz Vieja y siguientes hasta la misma plaza de enfrente de la ermita.

 Dado que en cualquier momento la lluvia podía aparecer, la hermandad prescindió de la música, pese a que la tenía autorizada por el obispado e incluso con el ofrecimiento de las mismas formaciones para acompañar la hermandad. A las 17,15 horas salió el Cristo, que rápidamente avanzó en el corto recorrido previsto. Tras él, San Juan y finalmente, a las 17, 25 horas, salió a la plaza la Virgen del Valle no sin antes, aún en San Miguel, entregar la hermandad al párroco del templo, Ángel Romero Castellano, una  patente de la cofradía como muestra de agradecimiento por el hospedaje dado a la hermandad y las facilidades durante su estancia en la iglesia. 

Del mismo modo que el paso del Cristo, Paco Yesa, tras superar la puerta de salida, ordenó un paso largo a sus costaleros de tal forma que se cumpliera el deseo de la junta de gobierno de alcanzar cuanto antes la Ermita y con más temor si cabe ante las cada vez más amenazantes nubes que se acumulaban en el cielo de la tarde de la Resurrección. 

Una breve parada ante el convento de las monjas Clarisas en calle Barja, donde éstas le cantaron a la Virgen, y seguir adelante. Conforme se avanzaba en el recorrido, más se hacía patente que el ritmo ordenado se cumpliría porque incluso en un lugar emblemático para esta corporación como es la Cruz Vieja se pasó muy rápido. 

A la altura de Cerrofuerte, El Valle recibió la petalada que no se le pudo ofrecer como todos los años en la Puerta de Sevilla en las postrimerías de la Carrera Oficial. Los relevos de cuadrillas de cargadores y costaleros se sucedían casi por cada chicotá para que todos pudieran tener a oportunidad de portar a sus devociones. Finalmente, a las 17,45 horas entraba El Cristo no sin antes oírse una saeta. Un cuarto de hora después entraba la Virgen del Valle sin que en todo el trayecto le cayera una sola gota de lluvia a la hermandad, que así cerro su Semana Santa ante una plaza del Cristo abarrotada de público. 

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