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Fácil: recibir y soltarla

  • Ganso dio un curso de cómo simplificar el pase y con ello, dar fluidez

Fácil: recibir y soltarla Fácil: recibir y soltarla

Fácil: recibir y soltarla

Vaya por delante que el Granada le procuró el hábitat perfecto para que explotara la naturaleza de su juego. La limpieza del pase bajo una consigna tan simple como difícil de ejecutar en este fútbol contemporáneo: tal como la recibo, la suelto. Y al espacio adecuado. Con la dirección y la fuerza precisas. El ejecutor de este principio tan puro en este juego llamado fútbol fue Ganso, la gran sorpresa en la alineación de Sampaoli. No fue culpa de él que el descosido equipo que ahora zarandea Tony Adams desde la banda le ofreciera gratis todo el tiempo y todos los metros necesarios para que sacara su repertorio. Al compás de su fútbol se movió el Sevilla, con el sostén de Iborra y N'Zonzi algo más atrás y la movilidad de Sarabia y Correa desde fuera y Jovetic arriba.

Ganso se limitó a aprovechar las facilidades, que desde luego son muy, muy difíciles de encontrar en la primera categoría de un fútbol, el español, que mete a sus equipos en semifinales y finales europeas por puro peso específico. El Nasri de ahora -no el de los primeros meses, que emuló al mismísimo Banega-, hacía viscoso el juego colectivo con su parsimonia y festival de toques inocuos; y Ganso aclaró, hizo más fluido, ese juego colectivo. Tal como la recibo, la suelto. Y encima me incorporo al área y resuelvo lo que otros compañeros no son capaces de resolver. Qué trabajo le cuesta a este Sevilla remachar al inferior.

Defensa

Era un partido con un peligro soterrado y que reposaba en la propia mente de los sevillistas, más que en las piernas de los jugadores del Granada: la relajación por verlo tan fácil. Y más, después de ese gol a los cuatro minutos. Esa distensión llegó en el último cuarto de partido, más o menos, y abrió un pasillo al Granada por el costado de Mariano. El brasileño se animó a atacar más tras el descanso y entre sus precarios conceptos defensivos y sus castigadas piernas, emergió Isaac Cuenca. A los 80 minutos, Ponce tuvo en sus botas el 2-1 tras su gran recorte al recibir un gran pase al espacio de Cuenca. Esa acción pudo meter los nervios en el cuerpo de un equipo, el sevillista, que no llegado al tramo final de la temporada con cierta fragilidad anímica.

Ataque

A la propuesta de Ganso se sumó Lenglet con sus pases corridos al brasileño, sobre todo, ante la pasividad del Granada y los enormes huecos entre líneas. También Correa desde la izquierda y Sarabia desde la derecha, trazando diagonales e invitando a los laterales a desdoblarse, aunque a éstos les costó subirse a la ola. También Jovetic captó el mensaje y se movió con sentido e instinto por todo el frente del ataque.

Virtudes

Al fin la simplificación del juego, sin ese pernicioso gusto del toque por el toque.

Talón de aquiles

Malas decisiones a la hora de rematar. La candidez es blanca...

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