Fútbol es fútbol en Oporto

  • El Sevilla es consciente de la tremenda dificultad de remontar un 1-2 ante el líder luso, pero confía en tener sus opciones. El cuadro de Villas-Boas descansó en su liga el fin de semana.

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Oratoria circense para el Sevilla Fútbol Club de la contemporaneidad. El conjunto de Gregorio Manzano se enfrenta al "más difícil todavía" en su visita al espectacular Estadio do Dragao de Oporto. El triunfo del actual líder de la liga portuguesa por 1-2 hace sólo seis días en el Sánchez-Pizjuán convierte la clasificación para los octavos de final de la Liga Europa en una proeza sólo al alcance de los grandes equipos, pero el Sevilla lo ha sido y pretende seguir siéndolo. El problema, sin embargo, es de presente, no de pasado ni de futuro, y la cuestión es saber si el grupo que dirige Manzano está actualmente capacitado para saltar un listón tan alto.

De momento, el referente no puede ser más cercano, ni siquiera ha transcurrido una semana desde el Sevilla-Oporto y la sensación que anida en el seno de la plantilla blanquirroja es que el fútbol no fue justo ese día con su juego. Por tanto, los veintiún futbolistas que en la mañana de ayer se subían en el chárter con destino a la ciudad portuguesa, y que aguardan la cita en el hotel Sheraton de esta ciudad, lo hacían con una mezcla de rabia y confianza en sus posibilidades.

Cierto que esta devolución de visita al Oporto admite todos los calificativos más tópicos para definir este tipo de encuentros: milagro, proeza, heroicidad, quimera... Cada uno puede elegir el que considere más adecuado y, por supuesto, añadir muchísimos más, pero no parece ése el espíritu de los profesionales que defienden la casaca sevillista. Existe la esperanza de que puedan cambiar las tornas y que esta vez sí les pueda favorecer el marcador por encima incluso del juego que sean capaces de desarrollar en Oporto.

Pero para que se produjera la remontada tal vez sea necesaria una concatenación de circunstancias que debería arrancar en que el Oporto se tomara el encuentro a título de inventario, que los hombres de Villas-Boas pensaran más en las citas que les vienen por delante que en la de hoy. Y, para desgracia de quienes han recorrido casi 800 kilómetros para plantarse junto a la desembocadura del Duero con el escudo del Sevilla en sus corazones, no parece que vaya a ser así. ¿Por qué? Muy sencillo, el grado de concentración del Oporto se mide con las precauciones tomadas por su cuerpo técnico, que ordenó en su día adelantar el partido de la última jornada de la liga portuguesa para contar con los días de descanso necesarios entre los dos compromisos europeos frente a los sevillistas.

Es evidente, pues, que los portugueses estarán mucho más frescos físicamente, que Villas-Boas podrá contar con los hombres que estime necesarios, incluido el delantero colombiano Falcao, que ya parece repuesto definitivamente de sus problemas físicos. No hay ninguna razón para que el joven remake de Mourinho tenga que reservar a ninguno de sus mejores elementos.

Son circunstancias, una detrás de otra, que no juegan a favor del Sevilla en esta ocasión. Uno a dos, partido como forastero en uno de los estadios de Portugal que más aprietan a pesar de su grandiosidad, un rival menos tocado por la acumulación de esfuerzos... ¿Quién puede negar, por tanto, que el Sevilla esté ante el más difícil todavía? Pero entonces viene a la mente aquella frase de Vujadin Boskov que este deporte utiliza a menudo para tratar de explicar lo inexplicable. "Fútbol es fútbol", pregonaba el singular entrenador serbio en aquellos tiempos en los que estaba en lo más alto del escalafón de técnicos.

A eso, sin duda, se agarran todos los sevillistas antes de que el balón eche a rodar. Más o menos como también lo hacían en las vísperas de la vuelta de la última semifinal copera frente al Real Madrid. Aquel día el Sevilla ofreció una imagen más que digna en el Santiago Bernabéu, pero el transcurrir del partido se encargó de demostrarle que era imposible la remontada. Curiosamente, ahora desde todo el entorno sevillista se considera incluso más difícil este reto sin tener en cuenta que los portugueses más destacados, léase Cristiano Ronaldo y José Mourinho, aunque también pueda ser ampliable a los ex centrales del Oporto Ricardo Carvalho y Pepe, defienden los colores del Real Madrid y no los del rival de hoy para los sevillistas.

Pero ninguno de los anteriormente citados estará esta tarde en el césped siempre bien cuidado del Estadio do Dragao es, esta vez el protagonismo debe pertenecer a Hulk o Kanoute, a Helton o Javi Varas, a Rolando o Sergio Sánchez, a Fernando o Medel y así sucesivamente. Ojalá, para quienes sienten la religión balompédica radicada en el barrio de Nervión que sean los citados en segunda posición en cada dúo quienes se encarguen de acaparar las fotos de felicidad. Sería una magnífica señal para un Sevilla que está ante el más difícil todavía, aunque fútbol es fútbol.

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