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Real madrid | sevilla · a ras de hierba

Y apareció la mano del entrenador

  • Manzano, a diferencia de otras citas, acertó de lleno en el planteamiento inicial buscando posesión de balón con una falsa banda izquierda, pero desnudó al equipo con los cambios en el momento clave

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Si hay veces que los futbolistas se sorprenden de lo que ocurre en la banda conociendo a su entrenador y sus métodos, mucho más si uno, como Ivan Rakitic, acaba de aterrizar, no entiende el idioma y no conoce aún a ciencia cierta si su compañero Romaric le da con la izquierda o con la derecha. Gregorio Manzano anda empeñado en martillearse, no los nudillos, sino la mano hasta la muñeca, en su trayectoria como entrenador del Sevilla. Si en el partido de ida planteó de inicio erróneamente el encuentro, ayer en el Bernabéu es una verdad como un templo que acertó prescindiendo de una de las bandas, justo lo que se le recriminó entonces, pero cuando todo seguía funcionando más o menos correctamente -más más que menos aunque es cierto que hacía falta el golpe final- desnudó al equipo con unos cambios cuya primera consecuencia fue perder lo que le había mantenido con vida, el balón; la segunda fue una abertura enorme a la izquierda de Zokora y el Madrid necesitó justo dos ataques para cerrar la eliminatoria.

Poner a Rakitic en el Bernabéu tal como había sido la ida y todo lo que se ha dicho y escrito desde entonces era meter a un iceberg en una caldera. Pero, no obstante, al final se trata de jugar al fútbol y el debutante iba metiendo poco a poco la patita por debajo de la puerta del Madrid. Cualquiera sabe si Manzano vio algún vídeo del Sevilla de Jiménez -puede ser que sí-, pero utilizó un recurso que en su momento ofreció una de las mejores versiones de aquel equipo. Con Romaric acostado en la izquierda, el equipo nervionense tuvo salida por ese lado. El marfileño se encuentra a gusto en ese perfil, ayudaba a Navarro a cerrar más que un extremo y equilibraba en número el juego interior del Real Madrid.

El elegido para engarzar este entramado era un Rakitic que no desentonaba en un puesto en el que dicen en Alemania que lo condenó Felix Magath. El suizo donde tiene peligro de verdad es cerca del área rival, pero le dio rapidez al juego soltándola a la primera, combinando con Romaric y ayudando al equipo a tener el balón. Casi todos los hombres del centro del campo hacia delante que había alineado Manzano, salvo Jesús Navas y Zokora -que prefieren conducir-, eran futbolistas de mantener la posesión. Negredo, Kanoute, Romaric y Rakitic eran el alma del Sevilla que tanto asustó en la primera mitad. Pero Rakitic se fue apagando y lo hizo conforme iba llegando a sus terrenos. Tuvo dos acciones en las que no se atrevió a disparar, quizá porque le llegó el balón a la derecha, quizá porque la carga escénica del Bernabéu le reprimió...

Fue el primer cambio. Por Luis Fabiano. Y si bien es cierto que pedía ya una sustitución, con la elección del brasileño fue perdiendo el Sevilla el control del partido. La izquierda, ese secreto que guarda el cuadro nervionense si sabe disfrazarlo bien con jugadores como Romaric, puntualmente Negredo y también Rakitic cuando proceda, pasó a ser del vallecano conforme todo iba yendo ya a remolque. El golpe final en contra de sus intereses fue cuando Manzano sacó a Romaric para buscar se supone que verticalidad con Perotti. El centro del campo se abrió, el equipo se partió en dos y el Madrid vio la vía por donde tenía que entrar. Antes de la jugada del gol de Özil -su pase entró por la zona que antes habían ocupado Rakitic y más tarde Romaric-, Zokora ya había buscado a su compañero en una recuperación con la cabeza. Pero allí ya no había nadie. Perotti estaba en la banda, Kanoute, unos metros más adelante y Luis Fabiano y Negredo esperando un balón arriba.

Esta misma semana, después del partido en Riazor, el sevillismo pedía que la mano del técnico apareciese por algún lado. Ayer lo hizo. Apareció acertadamente planteando un partido que incomodó mucho al Madrid. Pero apareció también para, en el momento crítico, en la hora H, desnudarlo todo.

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