Europa League

Tan cerca... y tan lejos (0-1)

  • El Sevilla fue capaz de vencer en el Estadio de Dragao y sólo cae por el valor doble de los goles fuera ante el Oporto · El tramo final del encuentro pudo ser ideado por Spielberg.

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Efectivamente, fútbol es fútbol. El Sevilla estuvo a punto de protagonizar uno de esos milagros que rara vez pueden producirse en un terreno de juego, ya que se impuso al Oporto en su estadio por 0-1 y se quedó a un solo paso de disputar los octavos de final. Y hubiera sido un hecho a colocar en el haber de Fátima o de cualquier Virgen que pueda ser adorada por la sencilla razón de que lo normal habría sido que los blanquirrojos hubieran encajado una goleada en el tercer tercio del encuentro y, sin embargo, estuvo vigente hasta el final la esperanza de cazar una jugada heroica.

Fue meritorio, para los sevillistas, ver cómo los hinchas portistas festejaban cada despeje en los instantes finales como si se tratara de la mejor de las patadas adelante del rugby. El Oporto, un gran equipo sin duda, estaba angustiado por el derroche de pundonor que protagonizaba el Sevilla. Tanto que de no haberle quitado el balón Kanoute a Luis Fabiano en aquel cabezazo del minuto 81 ahora tal vez se estaría describiendo uno de esos hechos inenarrables dentro de este deporte.

No fue así, sin embargo, y lo que queda en la retina fue esa locura por la que apostó Gregorio Manzano cuando decidió que Luis Fabiano iba a ocupar el puesto de Sergio Sánchez. Como ya había salido Medel por el desacertado Zokora y como el planteamiento de partida había sido el tradicional de los cuatro delanteros, es decir, Negredo, Kanoute, Jesús Navas y Perotti, pues en el Estadio do Dragao se iba a quedar un grupo de once futbolistas al que se puede calificar de todo menos como un equipo.

Es complicado explicar el posicionamiento de las piezas, pero todo se fiaba a tres centrales, concretamente Alexis, Fazio y Fernando Navarro, con Medel por delante de ellos. A partir de ahí ya no defendía absolutamente nadie más y, lógico, el Sevilla se partió en dos mitades. Por mucho que Fazio estaba realizando un extraordinario partido, por mucho que Medel ayudara lo indecible para cerrar, tenía que ocurrir algo sobrenatural para que el Oporto no consiguiera batir ni una sola vez a Javi Varas.

Sucedió, pues Hulk, una y otra vez, llegaba hasta las cercanías del guardameta y se topaba con un Javi Varas inspiradísimo o la tiraba fuera. Igual le sucedió al resto de los portistas que se iban hacia arriba en situaciones de superioridad numérica la mayoría de las veces. Y como el fútbol tiene esas cosas que no aguantan a ningún razonamiento empírico, pues en uno de los escasos balones que llegaron a los delanteros que decidió acumular Manzano, Negredo se quedó con el balón y se lo puso por delante a Luis Fabiano para que éste hiciera el cero a uno. Había que pellizcarse para creerlo, pero era verdad, el Sevilla ganaba en Do Dragao.

Para que el milagro aún estuviera mucho más cerca Howard Webb mandó a la caseta a Álvaro Pereira por una dura entrada a Medel. Más de un cuarto de hora por delante, el Sevilla con ventaja en el marcador y también con un futbolista más en el campo. Los treinta y tantos mil hinchas portugueses temblaron entonces, pero era tan complicado que un equipo tan desequilibrado pudiera tener opciones reales para consumar la remontada que tampoco era cuestión de ilusionarse en exceso con esa opción por mucho que en el fútbol siempre se pueda estar pendiente de un rebote.

Y tanto, Alexis fue quien se encargó de castigar esa apelación de Manzano a la locura. El malagueño, que había hecho oposiciones a quedarse en la caseta en el descanso por el riesgo serio de expulsión, que se había quedado en el campo en lugar de Sergio Sánchez, tan desacertado quizás como él pero sin tarjeta amarilla a cuesta, cometió una falta absurda en el centro del campo y se fue expulsado por su segunda amonestación. Expulsaron a Alexis, pero el hecho, sin duda, puede ir de inmediato al debe de su entrenador por la forma de elegir a quienes debían ser sustituidos.

A partir de ahí no cabía otra cosa que la locura, que ir de una portería a otra como si se tratara de un partido en el patio de un colegio en el que uno de los dos equipos no baja a defender y el otro comprueba cómo le tiemblan las piernas ante la posibilidad de ser golpeado de nuevo. Quien no defendía era el Sevilla, que sí buscaba por las bravas la acción que lo pudiera clasificar para la siguiente ronda. La tuvo dos veces a través de Kanoute y otra con Perotti, pero el francés evidenció que estaba reventado de tanto correr. En una se cayó, en la otra le quitó el cabezazo a Luis Fabiano cuando éste lo tenía casi todo a su favor. El argentino, mientras, no llegó a un centro de Jesús Navas cuando lo más fácil era marcar.

Ahí se esfumó la posibilidad del milagro, aunque ya lo fue y de los de verdad que Javi Varas pudiera evitar los mil remates que tuvieron los portistas en esa recta final. El Sevilla lo tuvo tan cerca como lejos, pero sí queda la sensación de que este equipo, si lo colocan bien en el campo, puede dar muchísimo más.

 Ficha técnica:

0 - Oporto: Hélton; Fucile, Rolando, Otamendi, Álvaro Pereira; Fernando, Joao Moutinho (Sapunaru, m.71), Belluschi; Varela (Maicon, m.86), Falcao (Guarín, m.71), Hulk.

1 - Sevilla: Javi Varas; Sergio Sánchez (Luis Fabiano, m.55, Fazio, Alexis, Fernando Navarro; Jesús Navas, Zokora (Medel, m.45), Rakitic, Perotti (Rodri, m.86); Kanoute y Negredo.

Goles: 0-1, M.70: Luis Fabiano.

Árbitro: Howard Webb (Inglaterra). Mostró tarjeta amarilla a Fernando Navarro, del Sevilla, y a Belluschi del Oporto. Expulsó con roja directa a Álvaro Pereira y por doble amarilla a Alexis.

Incidencias: Partido de vuelta de los dieciseisavos de final de la Liga Europa, disputado en el estadio de Dragao de Oporto ante cerca de 30.000 espectadores.

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