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Los grandes retos de Óscar Arias

  • El nuevo director deportivo afronta una espinosa planificación por el 'affaire' Sampaoli y la incierta clasificación para la próxima Champions si es cuarto

Monchi y Óscar Arias, en una de sus últimas charlas en la ciudad deportiva. Monchi y Óscar Arias, en una de sus últimas charlas en la ciudad deportiva.

Monchi y Óscar Arias, en una de sus últimas charlas en la ciudad deportiva. / antonio pizarro

Monchi le ha dejado un hermoso testigo a Óscar Arias. El flamante director deportivo del Sevilla, confirmado por el consejo de administración presidido por José Castro antes del partido con el Granada, afronta grandes retos. El onubense está acostumbrado a las grandes empresas, pues el Sevilla es un club que, desde su llegada, ha tenido enormes vaivenes en la planificación. De hecho, cuando relevó a Víctor Orta en 2013 se produjo la mayor revolución hasta ahora que ha habido en la historia del club en cuanto a entradas y salidas. La plantilla dio la vuelta como un calcetín. Pero es que sucede que, cuatro años después, como en una historia cíclica que se repite sin fin, el Sevilla vuelve a estar en otra tesitura de crisis, atendiendo al sentido etimológico de la palabra griega.

Se atisban nuevos tiempos de cambio, de ruptura, lo cual no tiene por qué ser negativo. En primer lugar, por el affaire Sampaoli. Está por ver cómo terminará esta historia. En segundo lugar, porque la plantilla volverá a someterse a cambios profundos. Y en tercer lugar por el hecho intrínseco de sustituir a Monchi. Su sombra lo acompañará siempre.

Cuando Óscar Arias arribó al Sevilla en la primavera de 2013, José María del Nido anunció un proyecto a tres años que se precipitó en forma de títulos inesperados, en cascada. Detrás de aquel cambio estuvo el secretario técnico onubense, quien tras su paso por el Recreativo, al que ascendió a Primera y con el que vivió su etapa dorada en la élite, y Las Palmas afrontó en Nervión su reto más elevado. Algo parecido arrostra ahora, incentivado por el enorme pedigrí y caché que conlleva ser el director deportivo del Sevilla, pero lastrado por algunos matices importantes, empezando por la clasificación final del equipo. Da la casualidad de que es la última temporada en la que el cuarto juega ronda previa para la Liga de Campeones, maldita casualidad.

Con la cuarta plaza mucho más cercana, casi en la mano en realidad, que la difícil tercera, el nuevo Sevilla de Óscar Arias tiene en primer lugar que configurarse con el riesgo asumido de que un traspié en verano puede trastocar todo lo planificado, como ya ocurrió en agosto de 2010 al ser eliminado por el Sporting de Braga o en agosto de 2011 con el Hannover 96 -dos equipos de entidad inferior-. Aunque este mismo departamento ya tiene una dilatada experiencia en cambiar el paso sobre la marcha, ipso facto.

El mejor ejemplo es el giro total que dio la planificación el pasado mes de junio cuando el trabajo hecho para una plantilla que iba a dirigir Unai Emery debía dejar paso a una plantilla hecha al gusto menos físico y más futbolero de Jorge Sampaoli. Monchi, de hecho, se enorgulleció en repetidas ocasiones de aquella ardua tarea contra el reloj de su equipo, que tuvo en Óscar Arias un activo principal.

Hasta 11 jugadores llegaron el verano pasado, de los cuales casi todos, menos Sarabia y Kiyotake, fueron fichados después de ese giro sugerido por Sampaoli. El primer año de Óscar Arias llegaron 13 futbolistas, aquel lejano 2013, y el último como secretario técnico, también, si a los susodichos Kiyotake y Sarabia se suman Mercado, Kranevitter, Ganso, Correa, Franco Vázquez, Nasri, Vietto, Ben Yedder, y los llegados en enero, Lenglet, Montoya y Jovetic. Y el resultado está siendo bueno.

Por ahí tiene experiencia Óscar Arias, del que en el club no se cansan de decir que siempre ha sido algo más que la mano derecha de Monchi: el verdadero vínculo del club con el primer equipo, léase plantilla y cuerpo técnico. Claro que ahora su función será distinta, pues habrá de sumar la desagradable de alto ejecutivo que comunica desvinculaciones, traspasos no deseados y rescisiones de contrato. De momento, se encuentra con que en la actual plantilla hay cuatro cedidos, Kranevitter, Vietto, Nasri y Jovetic, de los que sólo el último, por la óptima relación calidad-precio de su opción de compra (14 millones de euros), puede quedarse. Por ahí ya tiene un hueco que llenar, pues tres bajas habrá seguro. Y a éstas habría que sumar las de jugadores que han cumplido ciclo y otros que no han llegado a las expectativas pese a sus elevados precios. Amén de reforzar posiciones que, por una razón u otra, han quedado algo cojas o deben reciclarse...

Pero quizá el toro más en punta sea el del entrenador. El ambiguo discurso de Sampaoli, mientras en la AFA continúan las filtraciones interesadas -la última, que debe estar en Argentina el 22 de mayo-, no ayuda a dar luz. El asunto se agravaría si la AFA aduce que no puede pagar la cláusula de rescisión, una vez que José Castro se ha convencido de que no queda más remedio que buscar otro técnico. Pero, ¿qué escenario se encontrará Óscar Arias si la AFA se decanta por otro técnico más barato o Sampaoli finalmente decide quedarse? Seguramente todo tendrá un final feliz, aunque sea por pura inercia.

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