El otro partido

La intrascendencia de las decisiones

  • Manzano buscó y encontró soluciones, aunque siempre tardías e insuficientes.

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El Sevilla se despidió de Europa enseñando cartas conocidas. Las que no funcionaron ante el Madrid en la Copa y que ayer estuvieron cerca de lograrlo. Fue un adiós con signos de optimismo, los que reflejaron la capacidad del equipo por pelear por una eliminatoria complicada que tenía demasiados factores en contra.

Pocos argumentos para no despedirse de la competición mostró al inicio. Los hubo en la medida en que el rival concedió opciones, pero nunca por la motivación directa de unos jugadores que saltaron al césped sabiendo que debían encontrar su mejor versión si había hueco para la esperanza.

Manzano aterrizó en el banquillo sevillista creando una sintonía especial tras su victoria en Dortmund y se despidió de Europa con otra demostración de ser incapaz de cambiar los transcursos de los encuentros. Demasiado poco para aspirar a más en una competición que no da segundas oportunidades. La sensación de la eliminación europea se asemeja a la que nació tras el adiós copero: en ninguno de los escenarios existió una receta para solucionar los problemas. Manzano tomó las riendas del encuentro de vuelta ante el Oporto demasiado tarde. Trató de corregir las carencias del equipo con decisiones que podían haber tenido un remedio más eficaz. Medel entró en el terreno de juego cuando Manzano comprendió que debía haberlo alineado al inicio. Y apostó por todo su potencial ofensivo cuando los minutos se convirtieron en su gran impedimento de cara a ganar la eliminatoria. Fueron decisiones sencillas de tomar, igual que lo parecía retirar del terreno de juego a Alexis cuando pretendía dejar a tres hombres atrás y el ex valencianista tenía ya tarjeta amarilla.

Manzano llegó con tres competiciones en las que imponer su sello y por el momento no hay señal de éste. Y ahora deberá tratar de solucionar problemas en el torneo liguero, el único en el que queda vivo. Con decisiones o sin ellas.

Más detalles dejó el adiós europeo del Sevilla. Con los fichajes como principal aliciente de esperanza, la misión del técnico será la de recuperar el nivel de jugadores que deberían marcar diferencias y no lo hacen.

Tras el desastre del Braga, otro equipo portugués apareció para dejar fuera al Sevilla de la segunda competición europea que disputaba esta campaña. Igual que en aquella ocasión, el adiós deja la sensación de que la ida condicionó demasiado el pase. Pese a todas las carencias, pese a todos los impedimentos, los de Manzano pelearon hasta el último segundo por dejar fuera del torneo a uno de los equipos de moda en Europa. El que entrena el que señalan como sucesor de Mourinho por sus ideas y su admiración al arte de la libreta. El que ayer fue incapaz de cerrar su pase en alguno de sus contragolpes.

El golpe recibido no tiene marcha atrás. A Manzano sólo le queda un hilo de esperanza al que agarrarse, la Liga, en la que tampoco da síntomas de seguridad. Ante el Oporto, nuevamente, acertó con algunas ecuaciones cuando ya era demasiado tarde. Se consumen los partidos, las competiciones, y la huella de Manzano no aparece.

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