Racing | sevilla · la previa

Con los oídos tapados

  • Semana dura El Sevilla se juega más que Manzano en Santander, donde la suma de los tres puntos debe callar más de un perturbador runrún Bajas Cáceres paga su impertinencia y Kanoute, su sobreesfuerzo

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Que Gregorio Manzano Ballesteros haya pasado la semana más dura desde que llegó a Nervión será o no será una afirmación cierta cuando la medianoche esté a punto de llegar. Si su equipo, el Sevilla, conquista los tres puntos en juego ente el Racing junto a la playa del Sardinero podrá decirse que sí, pero si no lo hace, el entrenador jiennense puede pasarlo de aquí en adelante aún mucho peor de lo que lo ha hecho en esta semana a la que no le ha faltado ni un perejil y en la que dicen que se ha encontrado algo solo.

Es verdad que el entrenador del Sevilla se juega muchas cosas en este partido, pero también habrá quien diga, y con razón, que mucho más se juega la entidad que preside José María del Nido. En el agua ya la bala de la Copa del Rey, en el club preocupa más de la cuenta los bandazos que el equipo ha dado y sigue dando en la competición que al final define los objetivos de la siguiente temporada. Por eso el presidente vino a decir ayer con todo el sentido del mundo que problemas como el suscitado por Cáceres, sin dejar de ser un problema, no le quitan el sueño como el último empate ante el Málaga o que en Riazor la jornada anterior los tres puntos no viajaran a Sevilla. Digamos que a Del Nido, como a Monchi y a todos los sevillistas, le importa más que su equipo gane y escale posiciones en la tabla clasificatoria que el entrenador del primer equipo, se llame como se llame, se sienta respetado y esté a gusto en el cargo.

Manzano, según dijo en la rueda de prensa que ofreció antes de viajar a Cantabria, lo está. Si es así, todos contentos, ganar es lo único que cuenta y, como suele decirse, muerto el perro se acabó la rabia. Cáceres se quedó en Sevilla expiando su merecida culpa, el club seguirá los cauces previstos para estos casos en materia disciplinaria y aquí paz y después gloria. No será la primera vez que se producen sanciones internas en este vestuario y en esta misma temporada y de ello Manzano sabe bastante.

Así que, solucionado el tema, y como quedaba otro pendiente que zanjó Del Nido con el runrún sobre Caparrós, al Sevilla no le quedan ya más excusas que imponerse hoy a un equipo que si por algo acaba de cambiar de entrenador -el Racing es el que lo ha hecho, no el Sevilla- es porque acumula siete encuentros sin conocer la derrota. Porque una vez que el balón empiece a rodar la cantinela habrá cesado al menos durante los noventa y tantos minutos que dure el choque. Y si no lo ha hecho, los que salgan al campo deberán estar centrados sólo en la pelota y en el rival que esté enfrente. Si son necesarios tapones para los oídos, buenos serán porque una derrota y hasta otro empate puede abrir otra herida más importante incluso que la que ha protagonizado esta semana ese trío de nombres tan pronunciados por los fieles de Nervión en tertulias de taberna para el que las frecuente y en los lugares de trabajo para quien lo tenga: Manzano-Cáceres-Caparrós.

La primera medida del técnico ha sido hacer una pequeña purga en el grupo de expedición. Ahí y en la intimidad del vestuario es donde de verdad debe imponer respeto un director de equipo y no escenificando broncas y tirones de oreja a la vista de las cámaras de televisión. Así, a la ya mencionada ausencia de Cáceres por los motivos que todo el mundo sabe se han unido otras, algunas de parecida naturaleza y otras obligadas por las lesiones. El caso es que todo se rodea para que en Santander sea el turno de un Sevilla con una fisonomía algo distinta de la que ha competido en la primera vuelta. No tiene mucha escapatoria ya el debut como titular de Gary Medel, la continuidad de Fazio precisamente en un estadio -el único- donde le temen como una vara verde y también la de Rakitic, sobre todo porque tampoco están ni Romaric, ni Renato ni Kanoute.

El Racing, futbolísticamente, es una incógnita porque Marcelino acaba de aterrizar de la mano de su nuevo mecenas, el indio Ali Syed, pero conociendo el paño y las circunstancias se intuye que el Sevilla se puede encontrar un partido más parecido a los que juega como local que a los que afronta de visitante.

Manzano se la juega y esto no quiere decir que si pierde estará en la calle. Se la juega porque su crédito, ya bastante tocado, puede llegar a bajos fondos sonrojantes si el Sevilla se aleja también de la Europa League. Ha tenido una semanita difícil en la que se ha escuchado de todo, pero esto está montado así. Por experiencia propia lo sabe porque la semana que el Sevilla visitaba por última vez Mallorca fue la que él eligió para despedirse con una carta de su afición. Y en Nervión entonces había un entrenador...

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