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Los pivotes son bizcocho

  • La movilidad de Muriel contrasta en un equipo lento al replegar y cerrar

Los pivotes son bizcocho Los pivotes son bizcocho

Los pivotes son bizcocho

No hay manera de que el Sevilla de Berizzo brinde un partido de ritmo continuo. Que se haga con la pelota como pregona su entrenador y que someta al rival aun con el marcador de cara, sin necesidad de dar ese peligroso paso atrás. Ayer apretó arriba con buen son en muchos momentos de la primera parte y al principio de la segunda. Pero no siempre.

La debilidad que mostró atrás le puede preocupar menos al preparador por la circunstancial composición de su retaguardia. Más grave es ese mal que parece endémico cuando el enemigo carga: el repliegue es lento, descoordinado, ineficaz en demasiadas ocasiones. El quite parece que no viva en su ADN, tal es la dificultad para robar balones arriba o cerrar más atrás. Es clave el tibio ritmo de sus pivotes. Y eso condiciona la continuidad en su juego.

Defensa

No es cuestión de jugar con uno o dos pivotes. Parece que es un asunto de raíz. Genético. Contadas son las piezas vigorosas para correr, cerrar, tapar, llegar antes que el par o al menos incordiarlo.

A Guido Pizarro le cuesta mucho entrar en las jugadas. Su ritmo sigue siendo demasiado tibio. Y en su puesto, el más cercano a la zaga, es clave. N'Zonzi tampoco anduvo despierto sin el balón y el Sevilla lo pasó muy mal por dentro en la segunda parte por las zonas interiores: Wass desvió su punto de mira de la banda derecha hacia dentro y ayudó al Tucu.

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Los pivotes son bizcocho

Los célticos encontraron a Maxi Gómez con facilidad. Suerte que éste marró hasta tres ocasiones meridianas. Geis, adaptado a central por la derecha, lo pasó mal en ese cuerpo a cuerpo y la marca al ariete, como Corchia con la movilidad de Pione Sisto.

A balón parado, David Soria estuvo lejos de transmitir seguridad por alto y eso se traspasó a todos. También Geis evidenció que no es su fuerte el juego aéreo.

Ataque

Cualquiera diría al leer las líneas anteriores que el Sevilla no ganó. Y lo hizo merecidamente. Porque con la pelota, calidad sí que tiene. Y recursos amplios: remató mucho ayer, aunque sin tino casi siempre. Sobre todo el Mudo. Sí que hubo más ritmo que en otras ocasiones. Fue el frenesí de Luis Muriel cuando salía de la cueva, se descolgaba en zonas abiertas, invitaba a sus compañeros a aprovechar los pasillos abiertos y al mismo tiempo progresaba con su potencia y calidad. Es delantero caro, claro que sí lo es.

El Mudo quedó señalado por sus cuatro errores en remates más o menos claros, pero había que estar ahí para ponerse de gol. Otros ni siquiera eso. A Sarabia y a Nolito les costó más entrar. Pero tienen el duro y lo cambiaron en la acción del 2-1.

Los cambios buscaron ese control con la posesión pero no surtió el efecto deseado y Muriel, aun pujante a campo abierto, echó de menos algún pase en ventaja.

Virtudes

A ráfagas es un equipo punzante.

Talón de aquiles

¿Para qué dos pivotes así?

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