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¡Dos veces en seis días! (3-1)

  • El Sevilla se gana el derecho a jugar las semifinales de la Copa al ser superior al Atlético en el doble duelo.

  • Los hombres de Montella aceptaron el desafío de correr y vencieron.

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Tremendo mérito del Sevilla de Vincenzo Montella. Los nervionenses estarán en las semifinales de la Copa del Rey por la sencilla razón de que fueron superiores, tanto en el resultado como en el juego, al piropeado Atlético de Madrid de Simeone dos veces en el brevísimo plazo de seis días. Y no es nada fácil semejante proeza, es más tiene un mérito brutal, pues en muchos cruces con el Barcelona, con el Chelsea y con lo más florido del fútbol español y de todo el continente fue el segundo equipo de Madrid el que se impuso. Pero esta vez un Sevilla que aparecía como teórica víctima, la ideal para caer en las garras del cholismo, fue capaz de rebelarse ante la situación y de imponerse en las dos citas de la eliminatoria con todo merecimiento.

El Sevilla mal parido, el que recibía estopa desde todos los lados, sin duda con muchos deméritos acumulados para ello, fue capaz de darle la vuelta a la tortilla para demostrar que el fútbol no es, ni será jamás, una ciencia exacta. Aquella escuadra que en Vitoria, contra el Alavés, no fue digna ni de ser considerada una caricatura tenía mucho fútbol en su interior. Bastaba con poner sobre el campo a los hombres con más nivel de la plantilla para que el engranaje de la máquina sonara perfecto, para que no hubiera ni el más mínimo chirrido cuando se puso a funcionar.

No hay más que remitirse a las pruebas para constatar que así ha sido. Con la salvedad de la irrupción de Mercado por el tocado Kjaer en el centro de la zaga, Montella, por fin, sacó el once que muchos tenían en mente cuando hacen sus alineaciones ideales con el cierre del periodo de fichajes en la ventana de verano. Y con semejante huestes se plantó en el Wanda, repitió en Cornellà y volvió a hacerlo en el Sánchez-Pizjuán con la entrada de Jesús Navas en el lateral derecho por la lesión muscular de Corchia. El resultado fue ver a un Sevilla redivivo, saltando como si se tratara de un pez recién capturado en busca de cada balón, peleando siempre y, por supuesto, con muchísima calidad en su fútbol. Porque que nadie se quede con el aspecto más varonil al que se apele siempre en estos casos de las resurrecciones balompédicas, también el balón ha sido mimado en muchas ocasiones para este viraje en la tendencia sevillista.

Por ejemplo, en los 26 segundos que transcurrieron desde el saque de centro hasta que Escudero empalmó con su derecha el 1-0 en esta vuelta copera, el Sevilla interpretó una pieza futbolística muy cortita en el tiempo, cierto, de sólo 26 segundos, pero con una calidad suprema. La combinación entre el Mudo Vázquez, Muriel y Sarabia fue perfecta tanto en la velocidad como en la precisión y encima el centro del zurdo madrileño acabó en el preciso remate del lateral izquierdo para que los blancos estuvieran por delante bien prontito en este segundo acto de la eliminatoria.

El Sevilla había salido con toda la cuerda dada y hasta en eso había sorprendido a esos maestros de vivir los partidos de fútbol como si de una verdadera guerra se tratara. El Atlético, sin darse cuenta siquiera, ya estaba por debajo en el marcador y se le vino un vendaval de fútbol encima que tal vez no se esperara. Porque Simeone no podía ni imaginar que el rival que habían analizado sus scoutings tocando el balón de manera pastosa y lenta, para volver de nuevo hacia atrás, fuera capaz de arriesgar cada pase con una velocidad meteórica en busca de avanzar metros hacia delante y con el final entre ceja y ceja de llegar lo antes posible a la portería de Moyà. Si podía ser en 26 segundos, pues mejor que en 27, que ya habría tiempo para consumir ese tiempo posterior en celebrar con toda la algarabía posible la consecución del tanto.

Franco Vázquez controla un balón. Franco Vázquez controla un balón.

Franco Vázquez controla un balón. / Antonio Pizarro

Y con uno a cero en el marcador iba a ser harto sorprendente que el Sevilla no diera ni un paso atrás, que siguiera con el mismo plan trazado por Montella de mantener el pulso lo más alto posible, es decir, de jugar a lo mismo que siempre quiere el Atlético, a correr, a presionar todos los balones, a buscar las soluciones más sencilla, veloces y certeras. Eso iba a llamar la atención muchísimo, pues restaba mucho tiempo por delante y siempre existía el peligro de un desfondamiento, de no tener el mismo ritmo con el que los capitalinos suelen atrapar en su telaraña a los rivales en el menor de los descuidos.

Pero no, el Sevilla no dio ni un paso atrás, ni siquiera cuando Griezmann sorprendió con su espectacular volea al adelantado Sergio Rico. Incluso cuando Correa pudo lograr el 1-2, los anfitriones evidenciaban su valentía para buscar siempre un 2-1 que pudieron alcanzar en un cabezazo picado de Franco Vázquez en un espectacular centro de Navas.

Así se llegó al intermedio y siempre existía la posibilidad de que las fuerzas no respondieran al Sevilla, pero muy pronto llegó la jugada decisiva con el innecesario, pero justo, penalti de Saúl Ñíguez a Correa. Banega lo ejecutó perfecto y desde entonces sí se vio al equipo de Montella como claro dominador del tempo del partido.

Sólo una ocasión del Correa atlético abortada por Sergio Rico y un cabezazo en solitario de Godín en un saque de esquina pudieron llevar la emoción al litigio por haber puesto las tablas, pero el Sevilla siguió a lo suyo, jamás se desfondó y hasta aguantó en el plano físico para clasificarse por la sencilla razón de que había sido mejor que el Atlético ¡dos veces en seis días! Sarabia puso la rúbrica y desde entonces el Sánchez-Pizjuán fue una fiesta continua. Sus moradores tenían toda la razón para ello, para disfrutar de un Sevilla que ofrece síntomas de volver a jugar un fútbol moderno y de verdad después de tanto toquecito inocuo. Si es capaz incluso de aceptar el pulso al Atlético y de jugar a lo que éste propone...

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