Rusia contra el fuego

  • El Gobierno de Medvedev declara el estado de emergencia en siete regiones del centro de la parte europea de Rusia debido a los graves incendios forestales.

Numerosos pueblos ya fueron reducidos a  cenizas en Rusia y ahora se ven amenazadas las primeras ciudades.  Mientras los equipos de rescate luchan las 24 horas del día contra  las llamas, que amenazan también a un centro de investigación  atómica, los saqueadores buscan su oportunidad de pasar a la acción. 

Son cada vez más los muertos y heridos, los pueblos calcinados,  los cooperantes exhaustos. Los devastadores incendios forestales en  Rusia son la catástrofe natural más grave en el país desde hace  décadas. "Fuego de los infiernos: llamas de 50 metros de altura",  titulaban este lunes los diarios moscovitas. 

Las nubes de humo se ven incluso en las imágenes satelitales en la  parte europea del país. Cientos de miles de efectivos luchan contra  el fuego. Actualmente hay 7.000 incendios activos de diversa  magnitud, según informó hoy el director del centro nacional de  emergencia, Vladimir Stepanov. Según datos oficiales, hasta ahora  murieron 40 personas. Y los meteorólogos prevén que la sequía y el  calor récord se prolonguen durante días. 

En el pueblo de Lenkovo, que resultó fuertemente dañado, los  cooperantes sacaron hoy los cadáveres de dos niños de entre los  escombros. 

También en la región más afectada de Nishni Novgorod, unos 400  kilómetros al este de Moscú, murieron cinco personas. La cifra exacta  de víctimas sigue siendo incierta. Cientos de personas se encuentran  heridas, miles perdieron todas sus pertenencias y pueblos enteros  quedaron reducidos a cenizas. 

Según Stepanov, se quemaron 500.000 hectáreas, mientras reservas  de la biosfera como Riasán, unos 200 kilómetros al suroeste de Moscú,  se han convertido en pasto de las llamas. 

El huracán de fuego se mueve paulatinamente hacia de la ciudad  de Voronesh, con unos 840.000 habitantes a unos 500 kilómetros al sur  de Moscú, informa la televisión estatal. Y el fuego está sólo a unos  10 kilómetros de la capital rusa. Amplias partes de la capital se  vieron cubiertas por una densa humareda. 

En Sarov, cerca de Nizhny Novgorod, la cifra de fuerzas de rescate  se multiplicó por diez para proteger un centro de investigación  nuclear. La sequía ya ha mermado gran parte de la cosecha este año y  los daños conjuntos se calculan en miles de millones. 

Las autoridades anunciaron también las primeras detenciones de  incendiarios y saqueadores que intentaron sacar provecho de la  catástrofe. En los pueblos destruidos se detuvo a personas con sacos  de metales robados, informó un portavoz policial. Además, numerosas  víctimas de los incendios intentaron cobrar varias veces las ayudas  estatales que se pagan sólo una vez. 

En una reunión de crisis en Moscú, el primer ministro Vladimir  Putin pidió a los gobernadores de las regiones afectadas que  presenten un plan de reconstrucción preciso. Las autoridades fueron  acusadas en los últimos días de negligencia por no haber hecho lo  necesario, como cavar zanjas cortafuegos en el momento preciso. 

Cerca de Moscú y Nizhny Novgorod, los soldados comenzaron a  colocar tuberías para bombear más agua a los focos de incendio. "Mi  gente está agotada. La mayoría lleva 72 horas en pie", contaba un  director de la operación contraincendios. 

"Al menos se necesitarán cinco años para reconstruir la naturaleza  perdida", contaba un experto forestal, que se mostró consternado por  la gigante superficie forestal destruida. 

Rusia está viviendo la mayor ola de calor y sequía en los últimos  130 años. Las temperaturas en Moscú subirán hasta finales de la  semana a más de 40 grados, pronostican los meteorólogos. 

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