La angustia de los obispos

  • El sínodo de prelados católicos en el Vaticano debatió la cohabitación con el islam, la violencia de los radicales islamistas y el temor a una dominación musulmana

La cohabitación con el islam, las conversiones al cristianismo en países musulmanes, la violencia islamista y los temores de una dominación musulmana fueron algunos de los temas centrales analizados en el sínodo de obispos católicos que se clausuró el pasado domingo en el Vaticano.

Decenas de obispos de Oriente Próximo, África y Europa tomaron la palabra durante la asamblea religiosa, que duró tres semanas, para manifestar su preocupación y angustia ante el fenóneno.

El malestar reinó cuando el cardenal africano Peter Turkson presentó un vídeo alarmista que circula en Internet con el título Muslim demographics.

El documento, a cuya proyección no asistió el Papa, denuncia la creciente presencia del islam en Europa debido al aumento de la natalidad entre la población musulmana que reside en el Viejo Continente.

La iniciativa del purpurado fue criticada por algunos colegas, por lo que Turkson llegó a pedir disculpas públicas, aunque otros religiosos admitieron que se trata de un tema tabú.

Los padres sinodales de varios países africanos, entre ellos Nigeria y Malí, manifestaron claramente su intranquilidad por la amenaza a la convivencia con los musulmanes que representa el salafismo, movimiento minoritario que reivindica el retorno a los orígenes del islam, financiado desde el exterior.

El influyente arzobispo de Dar-es-Salaam, capital de Tanzania, Polycarp Pengo, denunció a los grupos fundamentalistas, que "no quieren aceptar otra verdad y tienen prejuicios".

Mientras el papa Benedicto XVI defiende la tolerancia y la cohabitación entre cristianismo e islam moderado, como insistió en su reciente visita al Líbano, los movimientos de protesta y la llamada primavera árabe, son percibidos por los obispos de la región de manera muy diferente: o como una oportunidad o como un amenaza real.

Algunos prelados reconocieron que se conocieron casos de jóvenes de países musulmanes que gracias a los nuevos sistemas de comunicación y al acceso a las redes sociales, llegaron a convertirse al cristianismo, aunque en forma clandestina, debido a que temen el rechazo familiar e incluso por la propia vida. Monseñor Paul Desfarges, obispo de Constantina, en Argelia, sostiene que "algo ocurre con la primavera árabe, ya que algunos no quedan satisfechos con los discursos que se pronuncian en la mezquita y piden más libertad o al menos ser libres de creer", comentó Desfarges.

Testimonios conmovedores sobre la propia experiencia fueron contados por obispos de Siria, Iraq, Egipto o Pakistán.

Para el obispo copto Kyrillos William, en Egipto las instituciones del Estado están siendo sometidas a un "nuevo proceso de islamización" y los cristianos son considerados como "ciudadanos de segunda categoría", un fenómeno que se agudiza con el odio y el desprecio hacia ellos que se alimenta en las escuelas.

El obispo paquistaní de Lahore, Francis Shaw, agradeció al Papa y a la jerarquía católica el apoyo a su "pequeño rebaño" de cristianos, acusado con frecuencia de ser blasfemos.

Para la mayoría de los religiosos que intervinieron, el islam está siendo "explotado" por extremistas, que anulan los verdaderos valores de esa religión, que respeta la vida y recordaron que la mayoría de los musulmanes son tolerantes con esto.

Según el presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal Jean-Louis Tauran, el asunto más delicado, que complica el diálogo entre cristianos y musulmanes, es que el islam llegue a conceder "la libertad de escoger o cambiar de religión", "un verdadero tabú", subrayó.

Los padres sinodales solicitaron en las conclusiones la creación de una entidad formada por prelados en el mundo encargada de denunciar las violaciones a la libertad religiosa y de defender la libertad de conciencia.

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