Sociedad

El mayordomo del Papa impidió durante seis años que controlaran su ordenador

  • El informático Claudio Sciarpelletti, juzgado por encubrir a Paolo Gabriele en la sustracción y publicación de documentos reservados del Vaticano, trata de distanciarse en el juicio del mayordomo.

Paolo Gabriele, el mayordomo del Papa condenado a 18 meses de cárcel, impidió durante seis años que tocaran su ordenador de trabajo, y el informático Claudio Sciarpelletti no pudo controlarlo ni cambiarlo, a pesar de que ya estaba obsoleto y pretendía asignarle uno más moderno. Esto es lo que declaró el abogado de Sciarpelletti, de 48 años, Gaianluca Benedetti, en la primera audiencia del segundo juicio por el caso del robo y difusión de documentos reservados de Benedicto XVI conocido como VatiLeaks, que comenzó en el Vaticano con Sciarpelletti, de 48 años, sentado en el banquillo de los acusados por supuesto encubrimiento de Gabriele.

Gabriele, según Benedetti, nunca accedió a que revisaran su ordenador y lo único que pudo cambiar Sciarpelletti fue la impresora. Benedetti quiso resaltar con ello que Sciarpelletti, al contrario de lo que se ha dicho, nunca fue amigo íntimo de Gabriele ni salían las familias juntas, ya que de ser amigo le habría dejado tocar el ordenador al tener confianza en él y no temer nada. El abogado incidió en que no eran amigos para demostrar que Sciarpelletti nunca encubrió a Gabriele, al no unirles nada particular.

En medio de una gran expectación, la primera audiencia se celebró en el Tribunal de Justicia del Vaticano, presidido por Giuseppe dalla Torre, el mismo tribunal que condenó el 6 de octubre a Gabriele a 18 meses de cárcel por robo con agravantes de documentos reservados del pontífice. La audiencia estuvo dedica a la presentación de excepciones preliminares por parte de la defensa, que pidió que fuese anulada la imputación de encubrimiento, al considerar que Sciarpelletti siempre colaboró con la Justicia y la acusación no tiene sentido. El tribunal lo rechazó al considerar que dio tres versiones diferentes respecto al sobre con documentos reservados que fue hallado en su poder, en el que había material que después apareció en el libro Sua Santita, del periodista Gianlugi Nuzzi, que desvela tramas e intrigas en el pequeño Estado.

Sciarpelletti fue detenido el 25 de mayo, un día después que Gabriele. Según se supo este lunes, fue detenido después de que una llamada anónima, hecha al parecer por un oficial de la Secretaria de Estado de la Santa Sede, informara (no se especificó a quién) de la supuesta íntima amistad entre Gabriele y Sciarpelletti. Agentes de la Gendarmería fueron al lugar de trabajo de Sciarpelletti, encargado de la manutención de los ordenadores del Vaticano, y encontraron en un cajón de su despacho un sobre con documentos reservados. Pasó una noche detenido y fue puesto en libertad provisional al día siguiente.

El informático, según se señaló en el juicio, dio tres versiones. La primera, que el sobre le fue entregado hacía dos años por Gabriele; la segunda, que se lo había dado una persona -identificada en el texto de esa sentencia con la letra W- para que los conservase y lo entregase al mayordomo, y la tercera que fue entregado por otra persona, que no fue identificada. W es monseñor Carlo María Polvani, que trabaja en la Secretaria de Estado. Este lunes su abogado aseguró que los cambios pudieron deberse a un "estado emocional" e insistió en que Sciarpelletti siempre colaboró con la Justicia. "¿Cómo iba a echar por la borda un trabajo de 20 años en la Santa Sede para ayudar a una persona a la que raramente veía, que no era su amigo? ¿Por qué iba a obstaculizar a la Justicia?", dijo Benedetti.

Por petición de Sciarpelletti, no se permitió la entrada al juicio de cámaras de televisión o fotógrafos. Fue la primera vez que se le vio públicamente tras conocerse su imputación en agosto pasado. Al juicio asistieron como testigos Paolo Gabriele; monseñor Polvani; William Kloter, vicecomandante de la Guardia Suiza, y el gendarme Gianluca Gauzzi Brocoletti. También estaba llamado Domenico Giani, el jefe de la Gendarmería vaticana, pero no pudo asistir porque participaba en Roma en una reunión de la Interpol. El tribunal, que convocó la próxima audiencia para el 10 de noviembre, admitió que sean interrogados todos los testigos y Sciarpelletti. El informático puede ser condenado a hasta un año de cárcel.

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