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CRÍTICA VIDEOJUEGOS

Desafiando la gravedad

Up! | THQ | +3 | 46,95€ | Multiplataforma

Existe un problema de base a la hora de adaptar al lenguaje de videojuego un producto de la calidad a la que nos tiene acostumbrados el binomio Disney/Pixar. Un problema que radica en las cortapisas de su público potencial (mayoritariamente infantil), y en la línea narrativa, normalmente tan afín a la película que casi constituye un segundo visionado, pero sobre todo en las apresuradas condiciones de producción del juego, y su carácter esencialmente comercial, que en la mayoría de las ocasiones lo convierte casi en un mero reclamo publicitario para generar más visionados del filme inspirador. Una naturaleza, en suma, que no permite demasiadas alegrías de cara al trabajo de guión (y a veces incluso a los departamentos gráficos), como ya vimos en Bolt, de Disney Interactive, un título estimable y con buenas intenciones, pero que por desgracia no alcanzaba ni por asomo las descacharrantes cotas metalingüísticas de su película precedente.

Up, el juego inspirado en la película original, consigue en gran medida soslayar esta condición de producto de encargo para un target definido y seguro, puntualizando su sistema de juego en torno a su premisa clave: la relación entre el ceñudo anciano Carl Fredricksen y el pequeño boyscout Russell, traducida aquí en un modo cooperativo especialmente desarrollado. Si bien es cierto que la IA responde adecuadamente cuando el juego es individual, sus capacidades son limitadas en situaciones de cierta complicación, y el verdadero disfrute consiste en el juego a dos, a ser posible tras haber gozado de la aventura cinematográfica, y haber participado del drama del anciano que, tras perder a su esposa, concibe un plan que le permite volar (metafórica y literalmente) lejos del influjo de sus familiares y la amenaza del asilo, para convertirse en algo así como un astronauta en su propio planeta.

Plataformas, minijuegos, la estética Disney/Pixar en (casi) todo su esplendor y la prodigiosa banda sonora de la película son los reclamos de esta pequeña joya del cooperativo, destinada a prolongar la epopeya minimalista de uno de los mejores tándems dramáticos que ha dado el cine de animación. Unos reclamos que lo colocan en el podio (nada desdeñable) del subgénero de adaptaciones fílmicas, por encima de críticas tan ceñudas y amargadas como el propio Fredricksen, capaces de negar la diversión cuando la tienen delante, y a la vez de sentirse atraídas por ella. Desafiando en suma la gravedad… metafórica y literalmente.

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