"En un concurso no se fabrican ni el humor ni la tensión"

  • El animador vasco resalta entre sus virtudes la de ser "entrañable" y tener "empatía" para lograr la atmósfera adecuada como en el nuevo juego de la noche de los viernes

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Muchos lo descubrieron por su ceja enarcada, pero detrás de aquella pose había un profesor universitario y un apasionado por el teatro bien baqueteado sobre las tablas. Y allí, en el sillón del 50 x 15 (antes de que con el euro fuera sólo ¿Quién quiere ser millonario?), en Telecinco, encontró su lugar definitivo en el mundo catódico. Carlos Sobera (Baracaldo, Vizcaya, 1960) ha regresado a las preguntas en Atrapa un millón, en Antena 3 tras siete años en el disparatado Date el bote de la cadena vasca o tras haber estado en ¿Hay Trato? (A-3), La lista (La 2) o Los mejores años de nuestra vida (La 1). Su nombre está unido al buen humor y al entretenimiento con toda la familia.

-Ha tenido buenos resultados de audiencia en las primeras entregas de su nuevo concurso en Antena 3 cuando nadie confiaba en un formato como este para una noche de viernes...

-La verdad es que era muy arriesgado innovar en el prime time con la que está cayendo. Los concursos han sufrido en estos años en el horario nocturno y poco confiaban en algo así. Pero un concurso es un formato para toda la familia y Atrapa un millón está dirigido a toda la familia, para pasar un buen rato. Se asumió un riesgo y parece que la cadena ha acertado...

-¿Qué tiene Atrapa un millón para haber saldado la prueba del estreno con nota?

-Creo que es un programa con cierta intriga, con una mecánica muy sencilla y con un formato muy participativo. Tiene ritmo, tempo, y eso ha calado.

-¿Y qué aporta Carlos Sobera para que se vean sus programas?

-Creo que es equidistante entre espectador y concursante, evita suspicacias y lo que parece gustar es que es un tipo entrañable, con empatía y con simpatía.

-En los primeros programas de 50 x 15 se le veía algo incómodo. Hubo un momento en que se soltó y todo cambió para aquel programa y en concreto para usted. ..

-La atmósfera de 50x15 nos marcaba a todos, con aquella música e iluminación tan inquietantes, con el público encima. Estrenar aquello era duro y la preocupación nos duró unos diez programas. Pero, sí, llegó un momento en que empecé a estar a gusto, a pasarlo bien, y aquello fue una experiencia.

-¿De verdad se lo pasa tan bien?

-Sí, eso no se puede fingir. Para llevar un concurso hay que estar distendido, afable, bromista. No se puede estar distante. Ni el concursante ni el espectador pueden percibir por tu parte agresividad, o que se le tome el pelo o se humille al que participa.

-Y además de estar a gusto ¿qué fórmula aplica para llevar adelante un concurso?

-Que todo fluya de forma natural en el programa. En un concurso no se fabrican, no se pueden fabricar, ni las situaciones de humor ni las de tensión. No puedes crear emoción donde no la hay. Se debe ir creando por sí sola y tú debes aplicar tu capacidad de improvisación, de alentar las cosas en su justo momento.

-Uno de los momentos más pletóricos del Millonario, ya en Antena 3, fue aquella pregunta sobre Rocco Sifredi...

-Ahí se resume lo que digo. Con la pregunta de Rocco Sifredi, o la del punto G. Han dado la vuelta al mundo en internet.

-¿Recuerda cuál puede haber sido su peor momento en un plató?

-Uno que no llegó a emitirse. Una chica de Barcelona que cayó en la primera pregunta de ¿Quién quiere ser millonario? Le pedíamos la primera ciudad española en albergar unos Juegos Olímpicos y ella se empeñaba en decir Madrid. Lo pasó muy mal cuando desvelamos la respuesta, entró en una crisis nerviosa y decidimos no sacarlo al aire.

-El temor del concursante es siempre hacer el ridículo.

-Diría que el 99% de los fallos son por la presión del momento, por creer que se va a hacer el ridículo.

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