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Ginés Marín consigue el único trofeo en un festejo desangelado

primera de la FERIA en el palacio vistalegre Ganadería: Novillada de Daniel Ruiz, de presentación y comportamiento desigual. Pelea sin trascendencia en el tercio de varas. En la muleta destacaron por su buena clase cuarto y quinto. TOREROS: Álvaro Lorenzo, de azul y oro. Pinchazo, estocada que hace guardia y dos descabellos (silencio tras dos avisos). Tres pinchazos y una entera (saludos tras ovación). Ginés Marín, que se presentaba, de grana y oro. Media y cuatro descabellos (saludos tras aviso). Estocada (oreja). Varea, que se presentaba, de sangre de toro y oro. Tres pinchazos (silencio tras aviso). Tres pinchazos (palmas tras aviso). INCIDENCIAS: Palacio de Vistalegre de Madrid. Un cuarto de entrada.

La novillada de la miniferia celebrada en el Palacio Vistalegre de Madrid no acabó de tomar vuelo. El jerezano afincado en Extremadura Ginés Marín se alzó como triunfador, tras conseguir el único trofeo en un festejo desangelado por su escaso ambiente ante una novillada desigual de Daniel Ruiz, de presentación y comportamiento desigual; destacando por su buena clase los novillos lidiados en cuarto y quinto lugares.

Ginés Marín cortó una oreja del quinto, un ejemplar bajo, cornidelantero, con clase, al que recibió con una larga cambiada de rodillas. Inició la faena con muletazos genuflexos y destacó en algunas series, como en una diestra en la que intercaló una arrucina con tintes talavantinos para cerrar en cercanías, cuando el novillo había perdido fuelle y la faena intensidad por su exceso de metraje. Una estocada al primer envite le sirvió para pasear una oreja como premio merecido.

En su primer astado, altote, parado y que se quedaba corto, Ginés Marín volvió a dejar su impronta clásica. En el capote deslumbró por su soltura en un quite en el que intercaló una tafallera, saltillera, gaoneras y una preciosa larga. En la faena, limpia y con gusto, hubo nuevamente un guiño a la tauromaquia de su paisano Talavante por las arrucinas y acabó pisando los terrenos del toro para una serie con ligazón y unas bernadinas. No le pidieron otro premio por el fallo con el verduguillo.

Álvaro Lorenzo también destacó en el manejo de la muleta, pero manejó pésimamente la espada -entró en la suerte suprema con el brazo atrás a la hora de finiquitar a sus dos novillos-. Al bajo y manejable que abrió plaza lo toreó de manera airosa con la capa. En la faena, larga, con una voltereta de por medio, consiguió los mejores momentos con la diestra para cerrar con manoletinas.

Al buen cuarto no lo cuajó como merecían las buenas condiciones del ejemplar de Daniel Ruiz. Hubo pasajes magníficos, pero faltó consistencia a una faena en la que brilló en una serie diestra y, especialmente, en otra con la izquierda, con la que dibujó un natural inmenso.

Varea fue el menos afortunado en el sorteo y dejó dudas a la hora de matar. Con el tercero, cornidelantero y de bonitas hechuras, dibujó las mejores verónicas de la tarde, hondas y ganando terreno. Con la muleta mandó pronto en las embestidas manejando la diestra en una tanda de mano baja y el animal, que lo acusó, se rajó de inmediato.

El sexto novillo, el peor presentado, fue el garbanzo negro del encierro, con unas embestidas rebrincadas y Varea no pasó de porfión.

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