Tánger quiere recuperar las corridas de toros para el turismo

  • La localidad marroquí cuenta con una de las plazas taurinas con más solera de África, que fue inaugurada el 27 de agosto de 1950, con 11.500 localidades

En plena agitación antitaurina, el Consejo Regional de Turismo de Tánger ha planteado la recuperación de las corridas de toros para atraer turismo en la ciudad marroquí. Su presidente, Mustapha Boucetta, ha explicado en el periódico económico L'Économiste que "la tauromaquia es un espectáculo muy apreciado por los españoles" y la reapertura de la plaza de toros podría ser una manera de captar turistas que fuesen a Tánger a ver las corridas y se quedasen unos días en la ciudad y sus alrededores. Los tour-operadores podrían vender las entradas y los paquetes turísticos en España. El responsable de Turismo opina que es un buen momento para esta oferta teniendo en cuenta que en una comunidad española, Cataluña, un puñado de políticos han prohibido el toreo. En este sentido, los espectáculos serían corridas de toros a la usanza española; y en modo alguno se trataría de las pantomimas que recientemente se montaron en Las Vegas, Estados Unidos -donde, por cierto, participaron varias figuras del actual escalafón-.

Un coso con albero sevillano

Tánger, a mediados del siglo XX, fue una ciudad con estatuto internacional, en la que España intervino como una de las potencias administradoras. De ahí que posea una de las plazas de toros en África más relevantes. El inmueble, de hormigón armado, se construyó en un tiempo récord, catorce meses, y se inauguró el 27 de agosto de 1950, con 11.500 localidades. El ruedo se cubrió con albero de las canteras sevillanas de Alcalá de Guadaíra, porque los tangerinos querían que recordase al de la Maestranza sevillana.

El cartel de la primera corrida, con un llenazo hasta la bandera, estuvo compuesto por los matadores de toros Agustín Parra Parrita, José María Martorell y Manuel Calero Calerito y el rejoneador sevillano Ángel Peralta. La terna de espadas lidió un encierro de Fermín Bohórquez y el caballero de La Puebla un astado con el hierro de Belmonte. La última corrida se celebró el 12 de julio de 1970, con Pablo Lozano, César Girón, Gabriel de la Casa y Juan José, quienes lidiaron toros de Galache. Entre otros toreros míticos hizo el paseíllo Manuel Benítez El Cordobés, quien dio la alternativa a Manolo Lozano. Es curioso que en una época en la que a las mujeres les estaba vetado torear en España, la mítica Conchita Cintrón lidiase en Tánger. En su ruedo, también plasmaron su arte las grandes figuras coetáneas, desde Pepe Luis Vázquez a Antonio Ordóñez, pasando por Luis Miguel Dominguín. Desgraciadamente, la plaza está abandonada en nuestros días.

toreros tangerinos

Muy pocos aficionados conocen que la historia taurina de Tánger se remonta a los años cuarenta, en los que hubo un primer festival en el estadio de Marchán. Uno de los principales impulsores de la Fiesta en Tánger fue Rafael Ordóñez, hermano de El Niño de La Palma -bisabuelo de los matadores de toros Rivera Ordóñez y Cayetano-. Rafael Ordóñez creó una Escuela Taurina y los torerillos se entrenaban en la plazoleta que había junto a la entrada al muelle, por la avenida de España. También son escasos los aficionados que conocen los nombres de los toreros tangerinos: Luis Marquijano, Manolo Bernal, Jesús Cañizares, Primo Díaz, Pepito Melilla y Luis Álvarez, quien se anunció como El Andaluz, y que posteriormente ha sido apoderado de varias figuras del toreo, como César Rincón, Enrique Ponce y Sebastián Castella.

Sin duda, en África, la huella española también ha quedado reflejada con otros cosos taurinos, como los de Melilla -donde actualmemente continúan celebrándose corridas de toros-, Orán, Tetuán o Casablanca.

Los Toros fueron una de las ofertas turísticas más importantes en la época del Desarrollismo en España. El espectáculo fue utilizado, lamentablemente, por algunos empresarios sin escrúpulos que enriquecieron sus arcas, ofreciendo funciones paupérrimas a cambio de precios astronómicos. Es importante señalar que ese elevado número de festejos, que no se ajustaban a una demanda real de los aficionados, desapareció tras el boom turístico de los sesenta, cuyo icono torero fue Manuel Benítez El Cordobés.

En Tánger, por el contrario, el escenario que dibuja el responsable para fomentar su turismo, es el dedicado a un cliente potencial conocedor de la Fiesta que, entre las ofertas, pueda encontrarse con las tradicionales corridas de toros.

Si el proyecto se cumpliera, podrían soplar en el norte de África, nuevos vientos para un espectáculo que se ha fortalecido en los últimos años en Francia, entre tanto sufre un serio ataque antitaurino en España. Sobre esta paradoja, hace varios años, el dramaturgo Albert Boadella, adelantándose a la prohibición de la Fiesta en Cataluña, señalaba en una entrevista en Diario de Sevilla, que con el tiempo los aficionados acabarían atravesando los Pirineos camino de las plazas francesas -al igual que sucedió con cinéfilos para ver películas prohibidas en nuestro país-. Quién sabe, si ahora, en plena efervescencia de recortes severos a las libertades individuales que azotan España, no nos encontramos ante el renacimiento de la afición taurina en una plaza que en su día se distinguió por su albero con color maestrante: Tánger.

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